En el jardín

Vivo en una casa con un amplio jardín. Y en ese amplio jardín hay muchísimas flores. Debo confesar que no soy muy fanática de las flores. Incluso mi flor preferida es la nomeolvides, una pequeña flor celeste muy sencilla a la que casi se podría definir como un yuyo. Prefiero los árboles. Mi consentido en este momento es un limonero muy joven que aún no ha dado frutos. Diciembre es época de tormentas poderosas y tuve que asegurarlo a una estaca para que no sucumbiera a la lluvia y el viento.

Y hablando de tormentas vuelvo al tema. En mi casa, la Navidad huele a jazmines. Resulta imposible imaginarse las fiestas sin esa fragancia tan particular y romántica. Pero las cosas no venían bien este año. Hace dos meses, la planta había sido atacada por caracoles y las hojas que recién habían salido con la primavera, desaparecieron en el curso de una noche.

Fueron necesarios cuidados intensivos, vigilancia constante (nunca se sabe cuándo puede aparecer un caracol) y mucha paciencia (algo que no me sobra lamentablemente). No intentaba hacer que floreciera, simplemente esperaba que el pobre jazmín no se muriera. Lentamente fue recuperando sus hojas. Ya estaba resignada a vivir una Navidad sin jazmines cultivados en casa, pero algo muy parecido a un milagro sucedió este fin de semana durante la violenta tormenta que cayó sobre Buenos Aires. El jazmín dio una flor. Aquí está la foto que le tomé con el móvil (soy maniática de las fotos tomadas con móvil, para desgracia de mis afectos). ¿Hermosa, verdad?

Este año, por suerte, Navidad también tendrá olor a jazmines de mi jardín.