Michi

No pude resistirme. Aquí está Michi, mi gato.

¡Está bien! Michi no es el nombre más original, por supuesto que no. El nombre de esta belleza de gato, contemplen las fotos para más información, es muy original: Laszlo. Si vieron Casablanca, sabrán que es el apellido del héroe de la resistencia francesa, Víctor Laszlo, casado con Ilsa, el amor perdido de Rick.

El nombre le fue puesto antes de que naciera. Unos días después de la muerte de mi perro Tyson (un pastor belga hermosísimo y, sí, tan malo como el boxeador). Una de mis amigas, me comentó que su gata estaba embarazada. Sin dudarlo, le pedí uno de los gatitos que se estaban gestando y al momento comencé a pensar el nombre, Laszlo me pareció una excelente opción ya que “Ilsa” y “Rick” habían sido mascotas anteriores.

Laszlo llegó a mi casa a mitad de diciembre del año 2001. Estaba bastante nerviosa porque nunca había tenido un gato antes y sentía cierta prevención hacia esa famosa independencia de los gatos. Creo que mi inexperiencia en gatos quedó demostrada con el nombre. Llamarlo “Laaaazslo” o retarlo “¡Laszlo!” y que él me prestara atención fue una de las tareas más ridículas que intenté en mi vida. Simplemente, “Laszlo” no es un nombre de gato.

De modo que fue Michi. Nada de nombres originales relacionados con héroes de la resistencia francesa en la segunda Guerra Mundial que nunca existieron.

Sólo Michi.

(O Michino, Mitch, Mish, Mishi, Gordo, Topito -no pregunten de dónde salió-, Cabezón, Mi Vida, y los sobrenombres continúan…)

Como pueden ver en las fotos (sacadas con celular) es un gato común, blanco y gris, de pelo muy cortito. Es un gato hermoso (y no lo digo porque sea su dueña). Lo que no se puede apreciar en las fotos es su tamaño. Ha sido descripto bajo las siguientes exclamaciones:

-¡Aaaay, qué hermoso!
-¡Qué lindo gato!
-¡Pero este gato es enorme!
-¡Es un chancho!
(Esta última exclamación fue hecha por una señora no muy amante de los gatos: Michi no es gordo, sino fornido).

Una de las anécdotas más divertidas sobre Michi es de su primera Navidad. ¿Han tratado alguna vez de sacar de la punta de un árbol de Navidad perfectamente arreglado (con luces, guirnaldas, cintas, globos de colores, angelitos y estrellas) a un gatito de dos meses que, feliz de la vida, se aferra con todas sus fuerzas al tronco? ¡NO ES UNA TAREA FÁCIL, LES PUEDO ASEGURAR! Su descenso ocurrió por su propia voluntad (no hubo manera de que pudiera bajarlo) mientras el árbol se balanceaba de un lado hacia otro y se sacudía perdiendo varios de sus adornos.

Tiene varias “extravangacias”. La primera: tomar agua del grifo servida por un cuenco de manos humanas… Sí, me mira y me mira desde la mesada de la cocina para que le sirva agua con las manos. ¿Que yo lo acostumbré? Si, está bien, yo lo acostumbré. Otra de sus particularidades consiste en ser una especie de adicto al yogurth. No puedo comer un humilde pote de yogurth sin que se aparezca a mi lado ronroneando y mirándome fijamente. Claro que le sirvo sobre un platito, lo que hace que siempre venga por más. Y por último, mi favorita y la más odiada: acostarse precisamente sobre las hojas con las que trabajo en mi escritorio, precisamente sobre la que tengo que escribir. Pero no puedo retarlo y me pongo a hacerle mimos.

Estoy comenzando a sospechar que estoy malcriando a mi gato…