El laberinto del fauno

Ambientada en el año 1944, en la España franquista y la lucha contra las guerrillas republicanas, El laberinto del fauno es una de las películas que más me ha impresionado en los últimos tiempos. Fui a verla esperando encontrar una película fantástica y me encontré con una película maravillosa.

No me detendré demasiado en el argumento. Una niña llega a un campamento militar en el que gobierna el capitán Vidal, encargado de reprimir (por los medios que fueren, incluyendo la tortura), la guerrilla que se esconde en los bosques. Abundan las reseñas tanto como las críticas en Internet, los comentarios especializados acerca de su director, Guillermo del Toro y la manufactura técnica. Voy a detenerme en todos los caminos que me permitió , y aún me permite, recorrer como un enorme laberinto de imágenes asociadas, literarias, musicales, míticas.

El laberinto del fauno tiene la virtud de llevarte a numerosos libros ya leídos, disfrutados, pensados. El primero, y más evidente, Alicia en el país de las maravillas y el aún más maravilloso Tras el espejo de Lewis Carroll (siempre citado por Borges, otro interesado en los laberintos). Ese ingreso a un mundo fantástico que tiene sus propias reglas, (algunas absurdas e imposibles de cumplir como no comer nada de un banquete que luce delicioso), una sensación de seguridad a pesar de los peligros. Y de esa Alicia de Carroll, pasando por la historia violenta y la represión llegamos a la Alicia de Charly García para preguntarnos si va a irse de allí o si se quedará. Ahí es cuando comienzo a preguntarme dónde están esos límites tan precisos entre la realidad y la fantasía que algunos postulan.

Al recordar los elementos mitológicos no puedo dejar de pensar en Robert Graves y La diosa blanca, y el laberinto y los faunos y el escape hacia el bosque y la naturaleza y los círculos y los renacimientos y las mujeres como representación de la vida… ¿se nota que me gusta Robert Graves? Ariadna Gil (la madre), Ivana Baquero (la niña), Maribel Verdú (¿alguien puede dudar al verla que es una anciana?), tres mujeres, tres formas de la diosa blanca.

Y la violencia. El laberinto del fauno es una película muy violenta, no solo la violencia física, sino la violencia de la verdad. Al verla descubrí que hay distintas formas de belleza, en El laberinto del fauno la belleza está en la verdad. Una escena estremecedora de la película ocurre en otro banquete “Todos sabemos capitán (Vidal) que no quiere estar aquí, que cumple órdenes” (no recuerdo exactamente la frase). El capitán Vidal responde sin alterarse: “Yo estoy aquí porque me gusta”. La monstruosidad en primer plano, la verdad desnuda. Y de nuevo la pregunta: ¿dónde están los monstruos en la fantasía o la realidad? ¿Dónde está el límite entre lo real y lo fantástico?

Por último, no puedo olvidarme de la referencia a Roberto Arlt y al prólogo de Los lanzallamas: "El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un “cross” a la mandíbula". No podía pensar en otra cosa al terminar de ver la película. Guillermo del Toro golpea. Con mucha violencia.

Cuando la película terminó me quedé en la butaca tratando de respirar. Una señora a mi lado no había dejado de comer pochoclo durante las dos horas, muchos quedaron en silencio contemplando los títulos y escuchando la melodía que una y otra vez se escuchó durante la película. Una mujer comenzó una risa de probablemente cinco minutos, una risa incontrolable y desmedida.

El laberinto del fauno no hace concesiones, cuestiona, golpea, obliga al pensamiento, puede decepcionar, emocionar, horrorizar, aburrir. Pero no permite la neutralidad. Y definitivamente busca (y por momentos encuentra) la belleza.