Ariadna y Baco

Uno de los mitos grecorromanos por el que tengo especial debilidad es la historia de Ariadna y Baco, citada por el poeta romano Ovidio, en El arte de amar. El héroe Teseo entra en el laberinto de Creta para matar al Minotauro y Ariadna, hija del rey de Creta, enamorada de él y le entrega un hilo de plata con el que Teseo puede iniciar el camino de regreso del laberinto. Teseo y Ariadna huyen juntos de Creta, pero al llegar a la isla de Naxos, Teseo la abandona mientras ella duerme. Les dejo una traducción en prosa del fragmento del Libro I del poema de Ovidio en donde se relata lo que sucedió a continuación:

Ariadna erraba enloquecida por la desierta arena que ciñe la isla de Naxos, azotada por el mar; apenas sacude el sueño, medio cubierta por la sencilla túnica, con los pies descalzos y sueltos los rubios cabellos, se dirige a las sordas olas llamando al cruel Teseo, y un raudal de lágrimas se desliza por sus frescas mejillas; gritaba y lloraba a la vez, y el llanto y las voces, lejos de disminuir su belleza, contribuían a realzarla de un modo extraordinario. Ya golpeándose el pecho sin cesar con mano despiadada, gritaba: "Aquel traidor se ha ido; ¿qué será de mí, qué suerte me espera?" En aquel momento resuenan por el extenso litoral los címbalos y los tímpanos golpeados con frenéticas manos, cae despavorida, las últimas palabras expiran en sus labios y diríase que en su cuerpo no quedaba una gota de sangre. De súbito aparecen las bacantes con los cabellos tendidos por la espalda, y detrás la turba de los sátiros que preceden al dios; después el viejo Sileno, tan borracho, que gracias si se mantiene en equilibrio tomándose de las crines del asno, persigue a las bacantes que huyen y le acometen de improviso; como es tan mal jinete, hostiga con la vara al cuadrúpedo que monta y al fin cae de bruces por las orejas del paciente animal. Los sátiros entonces gritan: "Levántate, padre Sileno; levántate". Preséntase al fin, en su carro ceñido de pámpanos, el dios que gobierna los domados tigres con riendas de oro. Pálida de terror Ariadna, no nombra más a Teseo, porque la voz se le hiela en la garganta; tres veces quiso huir, y el miedo la detuvo inmóvil otras tantas; estremeciéndose como las espigas estériles agitadas por el viento y la liviana caña que tiembla en las orillas del húmedo pantano. El dios la calma así: "Aleja tus temores; yo seré un amante más fiel que Teseo, y tú serás, Ariadna, la esposa de Baco. El cielo premiará tu dolor; como una estrella reinarás en el cielo, y las naves guiarán su rumbo por tu corona de brillantes." Dijo y para que los tigres no la asustasen baja del carro, salta sobre la arena de la playa que cede a sus pies, y la toma en brazos...


Tiziano, pintor italiano renacentista representó la escena del encuentro en su obra Baco y Ariadna: