¿Nieve en Buenos Aires?

En toda la jurisdicción de Buenos Aires y en mucha parte de la del Tucumán no se ha visto nieve. En la ciudad suelen caer algunas escarchas que varios curiosos recogen para helar algunas bebidas compuestas, que se regalan como extraordinarios exquisitos.

El lazarillo de ciegos caminantes, Desde Buenos Aires hasta Lima, 1773.


En el Cabo de Buena Esperanza, casi en la misma latitud sur, nuestros soldados estaban débiles; pero aquí (Buenos Aires), aunque expuestos a tareas muy penosas, y por la baratura de sus comidas, tenían un exceso de paga sobre sus necesidades reales, y muchos podían, en consecuencia, darse el gusto del licor; sin embargo nuestra lista de enfermos nunca se abultó fuera de lo común. Esto es más sorprendente, como que la observación alude solamente a la estación de invierno, cuando las humedades del Plata se sienten severamente aun por los nativos y frecuentemente ocasionan sus desórdenes concomitantes. No se recuerda que nunca haya caído nieve, pero durante el período referido, un súbdito del norte será feliz en desaparecer dentro de un abrigo extraordinario, que recomendaría como parte del equipo para todo aventurero en aquella parte del mundo.

Alexander Gillespie (viajero militar llegado con la Primera Invasión Inglesa), Buenos Aires y el interior, 1819.


El invierno es benigno, pero no escasean los días de penetrante frío en los meses de junio, julio y agosto. Por las mañanas puede verse un poco de hielo, pero nunca nieva. Tenemos aquí (Buenos Aires) las gélidas lloviznas y las nieblas del mes de noviembre en Inglaterra, pero sin sus ventajas: estas circunstancias, unidas al contraste que produce el calor estival, hacen que los ingleses sientan el frío más intensamente que en Inglaterra y se refugien junto a sus estufas, pues estos lujos no les faltan, y hasta hay criollos que siguen el ejemplo.

Un inglés, Cinco años en Buenos Aires, 1820-1825. Atribuido a Thomas George Love.



¿Quién pudiera decirles a estos viajeros que en Buenos Aires sí nieva? De ahora en adelante, cuando me pregunten qué estaba haciendo el 9 de julio del 2007, la respuesta va a ser inmediata (y con cierto aire de orgullosa suficiencia): estaba viendo cómo caía la nieve sobre el jardín de mi casa.