Presentación - Con solo nombrarte

Ya pasaron cinco días de la presentación de la novela y apenas puedo salir de la conmoción que significó este evento para mí.

Hace poco más de seis meses escribía que un sueño se me había convertido en realidad. El 21 de julio también tuvo ese brillo y ese gusto especial que dejan los sueños cumplidos.

No todo fue dulce, por supuesto. Los nervios me volvieron loca en los días previos y por fortuna mi familia y mis amigos estuvieron allí para tratar de serenarme (digo tratar, porque por más buena voluntad que ellos pusieron, los nervios estuvieron siempre ahí).

Creo que la espera fue lo peor de todo. Prepararme, hacer cada uno de los pasos de manera consciente, sabiendo que a las siete de la tarde, tendría que presentar mi libro a quienes pronto lo leerían.

El escenario, la Sala de Representantes de la Manzana de las Luces, es un lugar hermoso, pero sobrecogedor. Al ser historiadora, no podía dejar sentirme abrumada por estar hablando en un lugar tan importante en la Historia argentina. Lo más extraño es que no se sintió un lugar ajeno, sino que estuve muy cómoda allí, y creo que los que fueron a la presentación también se sintieron así. Fue como estar en un lugar muy querido y con muchos recuerdos.

No fue fácil, lo aseguro, hablar de Con solo nombrarte sin decir demasiado sobre el libro, sin contar el argumento. Hablar de sus personajes, de cuánto me costó construir sus personalidades, sus cambios según los acontecimientos que vivían. Hablar del Buenos Aires colonial, en cambio, fue muy sencillo. Es el Buenos Aires que extraño, el que me gustaría haber conocido un poco más, pero del que tan poquito queda en pie.

El público: increíble. No puedo más que agradecer todas las preguntas, comentarios, felicitaciones que hicieron. Creo que después de media hora, lo que había empezado como una presentación se convirtió en una charla amena sobre todo aquello que me gusta. ¿Cómo se podía estar nerviosa a esa altura de la tarde?

Y para el final, la sorpresa que las Gauchas Románticas me tenían preparada: dos hermosas lapiceras con mi nombre grabado en cada una. ¡Terminé la tarde más nerviosa de cómo la había empezado! Hermosa sorpresa que me dejó sin palabras.

Les agradezco a todos los que fueron y que compartieron ese momento tan especial conmigo, fue una experiencia inolvidable.