Elizabeth Bennett y lady Catherine

Uno de los episodios más deliciosos, y al mismo tiempo tensos, de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen es la pelea entre Elizabeth y lady Catherine, la tía del señor Darcy. Transcribo un fragmento de esa larga discusión acerca de los verdaderos deseos y de la necesidad, por sobre todas las cosas, de ser uno mismo.

-No consiento que se me interrumpa. Escúcheme en silencio. Mi hija y mi sobrino están hechos el uno para el otro. Descienden, por línea materna, de una misma noble estirpe; y, por parte de su padre, de familias respetadas, honrosas y antiguas, aunque sin título. Ambos tienen espléndidas fortunas. Están destinados el uno al otro según el criterio de cada uno de los miembros de sus casas respectivas; y ¿qué los va a separar? Las pretensiones advenedizas de una joven sin familia, conocidos ni fortuna. ¿Se puede tolerar? Pero no puede ser, no será así. Si usted fuera consciente de lo que le conviene, no querrá salir de la esfera en la que se ha criado.
-Creo que no saldría de esa esfera por casarme con su sobrino. Él es un caballero; yo soy hija de un caballero; hasta ahí somos iguales.
-Cierto usted es hija de un caballero. Pero ¿quién era su madre? ¿Quiénes son sus tías y sus tíos? No se imagine que ignoro su condición
-Se cual sea mi parentela, si su sobrino no le pone objeciones, no tiene por qué importarle -dijo Elizabeth.
-Dígamelo de una vez: ¿está usted comprometida con él?
Aunque Elizabeth no habría contestado a esta pregunta solo por obedecer a lady Catherine, no pudo menos que decir, tras un momento de deliberación:
-No lo estoy.
Lady Catherine pareció satisfecha.
-¿Y me promete que no contraerá jamás tal compromiso?
-No haré ninguna promesa semejante.
-¡Señorita Bennett, estoy escandalizada y atónita! Esperaba encontrarme con una joven más sensata. Pero no se engañe usted creyendo que voy a ceder. No me marcharé hasta que me haya dado la seguridad que exijo.
-Y yo no la daré jamás, desde luego que no. No me voy a dejar intimidar para hacer una cosa tan falta de razón. Su señoría quiere que el señor Darcy se case con su hija; pero ¿sería más probable este matrimonio por que yo hiciera a su señoría la promesa que desea? Suponiendo que él me quiera, ¿el que yo rechazara aceptar su mano podría servir para que él quisiera dársela a su prima? Permítame decirle, lady Catherine, que los argumentos con que ha apoyado usted esta petición extraordinaria han sido tan frívolos como irreflexiva es la solicitud misma. Si se ha creído que se me puede convencer con argumentos de esta especie, es que ha interpretado muy mal mi carácter. No sé hasta qué punto aprobará su sobrino la intromisión de su señoría en sus asuntos; pero lo que es seguro es que su señoría no tiene derecho a intervenir en los míos. Por tanto, he de suplicarle que no me importune más sobre este particular.