Sobre el amor, las mujeres y los hombres

Hacia el final de Persuasión, Jane Austen dedica un hermoso capítulo a la discusión acerca de cómo aman los hombres y las mujeres. La discusión está en el capítulo XIII y concluye de la siguiente manera:

-¡Ah -exclamó el capitán Harville, con tono de profundo sentimiento-, si solamente pudiera hacerle comprender lo que sufre un hombre cuando mira por última vez a su esposa y a sus hijos, y ve el barco que los ha llevado hasta él alejarse, y se da vuelta y dice: "Quien sabe si volveré a verlos alguna vez"! Y luego, ¡si pudiera mostrarle a usted la alegría del alma de este hombre cuando vuelve a encontrarlos; cuando, regresando de la ausencia de un año y obligado tal vez a detenerse en otro puerto, calcula cuánto le falta aún para encontrarlos y se engaña a sí mismo diciendo: "No podrán llegar hasta tal día", pero esperando que se adelante doce horas, y cuando los ve llegar por fin, como si el cielo les hubiese dado alas, mucho más pronto aún de lo que los esperaba! ¡Si pudiera describirle todo esto, y todo lo que un hombre puede soportar y hacer, y las glorias que puede obtener por estos tesoros de su existencia! Hablo, por supuesto, de hombres de corazón -y se llevó la mano al suyo con emoción.

-¡Ah -dijo Anne-, creo que hago justicia a todo lo que usted siente y a los que usted se parecen. Dios no permita que no considere el calor y la fidelidad de sentimientos que mis semejantes. Me despreciaría si creyera que la constancia y el afecto son patrimonio exclusivo de las mujeres. No, creo que ustedes son capaces de cosas grandes y buenas en sus matrimonios. Los creo capaces de sobrellevar cualquier cambio, cualquier problema doméstico, siempre que...si se me permite decirlo, siempre que tengan un objeto. Quiero decir, mientras la mujer que ustedes aman vive y vive para ustedes. El único privilegio que reclamo para mi sexo (no es demasiado envidiable, no se alarme) es que nuestro amor es más grande cuando la existencia o la esperanza han desaparecido.