La puerta

Mi camino en el mundo de los libros comenzó con este libro:



Señoritas (Good Wives, en inglés) de Louisa May Alcott, la continuación de Mujercitas. Editado en 1967 por una editorial con el nombre más curioso: ACME (¡como la de los productos que usa el Coyote!) dentro de una colección de nombre mítico: Robin Hood.

La colección Robin Hood significa tanto para los que tenemos treinta años en adelante que basta con mencionarla para que los ojos y la garganta se nos llenen de recuerdos. La colección ya no existe y solo se pueden conseguir los ejemplares en librerías de usados. (En realidad, sí existe, pero dan tanta pena los libritos remozados que parecen una fotocopia de un libro y tienen el mismo encanto que dicha fotocopia).

Cuando digo el mundo de los libros, me refiero a la "literatura de los grandes", de los libros con más de dos centímetros de espesor (si no eran de esa medida, definitivamente no servían porque los terminaba muy rápido) y que traían más palabras que dibujos, que traían sentimientos reales y aventuras. Alcott, Salgari, Verne, Webster… autores que están en los cimientos más profundos de mi mundo literario.

Debí ser muy chica cuando me crucé con el libro, porque de hecho, recuerdo a mi madre leyéndomelo a la hora de la siesta. Una de mis ilustraciones favoritas era la que dejo a continuación y mi principal diversión consistía en determinar cuál era Amy y cuál era Jo y cuál de los dos vestidos era el más bello y si hacía juego o no con las sombrillas.




En algún momento no debió alcanzar la lectura de mi madre y comencé a leerlo en esa lectura silenciosa que indica que uno "ya es grande". El libro se fue despojando de las falsas cubiertas que protegían las tapas duras amarillas clásicas de la colección Robin Hood, del lomo del libro (en realidad, se conserva en partes), de las puntas filosas de las tapas. Las primeras páginas fueron roídas por mis dedos de ratón de biblioteca y una lapicera cualquiera escribió mi nombre en la página del título. Es que el libro era de mi madre. Y digo era porque ahora me pertenece (mi madre tal vez desconocía esa cuestión de que los libros no se prestan).

En Señoritas descubrí la que sería durante mucho tiempo mi alter ego: Jo March, la escritora precoz que lucha por hacerse un lugar en un mundo literario. En cierto modo, escribo porque Jo March escribe. Esa influencia tuvo en mi vida este libro de tapas amarillas.

Estoy escribiendo este post, en definitiva, porque ese libro llegó a mis manos.