Mermelada

Una de mis historias favoritas de siempre es la saga de Mujercitas de Louisa M. Alcott. Un pasaje no muy conocido de Señoritas (Good Wives, en inglés) es aquel en el que Meg intenta hacer mermeladas caseras. Por el verano les comenté que cierto accidente hizo que mi familia se comiera la preparación de fruta y azúcar confundiéndola con ensalada de frutas. He tenido un nuevo accidente en el mundo de las conservas dulces. No voy a relatar demasiado, solo diré que incluyó una gran cantidad de membrillos y azúcar y que fue bastante difícil sacar el pegote de los frascos. Tengo la impresión de que el 2008 no será un año recordado por los dulces y mermeladas que hice (o, de hecho, que no hice).

Le dejo a continuación este tragicómico pasaje de Señoritas:

Ardiendo de deseo de ver su alacena repleta de conservas caseras, Meg decidió empezar por las mermeladas. Le pidió a John que le trajera una docena de frascos pequeños y una cantidad extra de azúcar, porque la fruta de sus propios árboles estaba madura e iba a aprovecharla. Como John creía firmemente que "su esposa" era capaz de cualquier cosa, regresó a su casa con cuatro docenas de frascos, media bolsa de azúcar y un muchachito para que les ayudara a recoger la fruta. La joven dueña de casa se puso a trabajar, con el cabello recogido en una gorra y luciendo un delantal que hacía juego con ella. Estaba segura de tener éxito porque había visto a Hannah hacer mermelada cientos de veces. Pasó todo el día pelando, lavando e hirviendo la fruta, pero desgraciadamente, ésta no quería tomar punto. (...) De modo que todo ese día caluroso de verano, Meg luchó sola y, a las cinco de la tarde, se sentó en medio de la cocina toda revuelta y se echó a llorar.