Cuando nace un libro

Siempre me preguntan acerca del proceso de escribir un libro, siempre respondo que es un proceso difícil. Quizá la parte más bella del proceso, la que menos presiones tiene, es el inicio.

En el inicio, todo está por suceder. Los personajes pueden ir de acá para allá con sus personalidades, los hechos pueden contradecirse, puede haber graves errores de continuidad, simplemente porque es el comienzo, un esbozo de algo que tendrá su forma en un futuro. En estos momentos escribo rápido, como si me llevara el viento, las palabras salen de la cabeza y pasan por el papel o el teclado con mucha velocidad.

Llega un momento, una cierta cantidad de páginas, cuando lo escrito tiene mayor densidad. Ahí, los detalles empiezan a importar. La historia, los personajes, los datos históricos empiezan a cuajar en una novela, una sucesión de capítulos que se afectan entre sí. Ahí, justo ahí, es cuando empiezan los problemas. Releo lo que escribí, no me gusta, repaso, reescribo, escribo cosas nuevas, cambio de lugar, saco páginas enteras, pongo títulos, saco títulos. Ciertamente es la etapa más dura del proceso.

Siempre suele haber, además, un breve instante en que me gustaría tirar todo, borrarlo de la computadora. Terrible momento, sin dudas.

Por suerte, están los editores. Y como tienen otra mirada, más lejana al texto, son capaces de ver lo que no funciona, señalar lo que va por el buen camino y evitar que no cometa el desastre de destruir lo que me ha llevado meses de trabajo.

La parte más emocionante, es cuando uno se acerca al final. Me gusta terminar un libro, ver que llega hacia donde yo quería que llegara. Es muy gratificante ver el punto final de una historia que fui creando con el correr de los días y los meses.

Al terminar el texto, aparecen los otros que lo vienen a convertir en libro. Los editores, los diseñadores, los imprenteros, los libreros, los lectores. En ese momento, ya mis palabras no están en mis manos, ya no puedo hacer nada por ellas, debo dejar que sigan su curso. Es la parte más emocionante del proceso, y también la más difícil.