Los nombres

Con frecuencia me preguntan acerca de los títulos de mis novelas, en particular sobre la aparición de la palabra nombre en los tres. Como verán a continuación, lo que empezó casi por casualidad, terminó  como un leit motiv que atravesó poéticamente toda una novela.

Casi siempre digo, en tono de broma, que Si encuentro tu nombre en el fuego y Con solo  nombrarte son dos novelas hermanitas, aunque quizá debiera decir primas, por la relación entre Paula y Jimena. En un principio, los títulos fueron casi una casualidad. Ya expliqué por aquí por qué mi primer novela lleva un nombre tan extenso, tan interesante (según me han dicho muchas personas) y tan misterioso. Lo más extraño es que el título es casi literal y, al mismo tiempo, la llave para entender el misterio de William Burton-Miranda. La idea de un espía y sus múltiples y falsas identidades era muy apropiada para la época y muy apropiada para escribir una novela, lo cual fue casi sencillo de hacer. Por ese entonces (el año 2006) no tenía idea de que la nominación tendría mucho que ver en mis próximos escritos.

Con solo nombrarte es una novela mucho más densa y compleja en sentimientos que Si encuentro... Sus personajes, desde el inicio, venían con más marcas que los de la novela anterior. Jimena Torres y Martín Olivera eran un dúo que se sacaba chispas aunque solo fuera en unas pocas páginas. Me interesaba mucho que Martín fuese un indeciso, quizá para balancear toda la energía que tenía Jimena, era un conflicto interesante para llevar adelante. Pensando en los muchos intercambios irregulares que se realizaban en Buenos Aires, Montevideo y Colonia y teniendo en cuenta que Jimena desde un primer momento era comerciante, la relación entre Martín y Jimena pasaría por ese tema todo el tiempo, para unirlos (haciendo negocios) o para separarlos (los que leyeron la novela, ya saben). La cuestión del nombre apareció casi de casualidad, pero empecé a jugar mucho con la idea de las nominaciones: la manera en que Martín y Jimena se llaman el uno al otro, por ejemplo; el hecho de que Martín pronuncie el  nombre de Jimena por las noches. El título se había convertido en algo más que una frase casi literal, como fue el caso de la primera novela.

En Lo que no se nombra, esta idea anterior, la de jugar con las múltiples posibilidades, está utilizada al máximo. Ya no fue casualidad que apareciera la nominación en el título, esta vez era un objetivo buscado desde la escritura. No fue fácil comenzar a jugar con lo que se nombraba y lo que no, con los secretos y las revelaciones. Hay muchas cosas sin nominar en la novela, ¿a cuál hace referencia el título? A todas, por supuesto. Cuanto más avanzaba en la escritura, más me atraía la idea de que las cosas aludidas, aquello que aparece borroso, en los márgenes. Aquello que no se nombra, que en un primer momento solo era la sexualidad de las niñas de clase alta de Buenos Aires, con el tiempo se transformó en múltiples variantes, con secretos, gestos ocultos, palabras silenciadas. De las tres, probablemente sea la novela que más secretos tiene.

Y bien, como les dije, lo que empezó de casualidad terminó convirtiéndose en el tema central de una novela. Tres novelas que están unidas por una palabra y aunque la tercera no tiene nada que ver con las dos primitas, creo que sí, desde el punto de vista de los temas tratados, están unidas. Queda en ustedes, los lectores, encontrar todos esos otros lazos posibles que a los autores se nos escapan.