Los favoritos

Quizá un autor no debiera tener sus favoritos entre sus propios libros. Quizá estaría bien que dijera: "cada libro tiene su encanto especial" y cosas así para no marcar ninguna tendencia. No está tan alejada de la verdad esa frase, es cierto que cada libro tiene su encanto particular y eso nos hace apreciarlos a todos. También es cierto que cada libro fue escrito bajo cierta presión, o cierta ansiedas o con cierto disgusto por tal o cual razón y que esos detalles lo hacen particularmente irritable a la memoria. No es fácil escribir un libro, no es fácil desprenderse de él para que tome vuelo editorial y no es fácil empezar a recibir el cariño y los comentarios de los lectores.

Por ejemplo, mi corazón tiene un lugar reservado para Si encuentro... Al ser la primera novela publicada, es imposible que no la considere una de mis favoritas. Toda la ilusión del mundo estaba puesta en esa primera novela. También los nervios al preguntarme qué pensarían los lectores, cómo reaccionarían ante una novela histórica sobre las invasiones inglesas cuando había muy poco tratado sobre el tema. Por otro lado, el proceso de escritura de Si encuentro... fue increíblemente divertido. Aún hoy si releo las páginas de la novela empiezo a reírme, fue una experiencia muy divertida. Y en cuanto a los protagonistas, no creo que yo haya escrito todavía una pareja más linda que Paula Yraola y Guillermo-Burton-Miranda-Ávila, creo que son tal para cual.

Con solo nombrarte ciertamente fue una novela diferente. Si bien tenía partes de humor, aunque no tan tonto (¿podríamos decir?) como su antecesora, la mayor parte del libro trataba temas más difíciles. No fue fácil escribir Con solo nombrarte después de la buena recepción que tuvo Si encuentro..., el interés por Jimena Torres y el misterioso capitán Olivera (que solo aparecía en ¿cuánto? ¿dos páginas?) hacía que me sintiese menos libre al escribir. Por supuesto que el toque de humor estaba, sobre todo con Julieta, la menor de las Torres, un personaje con el que llegué a encariñarme muchísimo y de quien siempre me pregunto qué clase de galán tendría, de qué clase de hombre podría enamorarse ella (que no fuera Guillermo, claro). Muchas veces me lo han comentando y siempre respondo que es cierto, Con solo nombrarte tiene un cierto aire a Mujercitas de Louisa M. Alcott y cómo no iba a tenerlo si ese libro fue uno de los que marcaron mi infancia de manera indeleble. Fue una novela bastante difícil de escribir, puedo asegurarles que no la disfruté mucho. Sin embargo, ha recibido los mayores elogios de los lectores y eso significa que dije algo interesante en ese libro. Y eso, sencillamente, es a lo que un escritor aspira.

En la escritura de Lo que no se nombra, las cosas fueron distintas, otra vez. Hacía tiempo que tenía ganas de escribir ese libro, desde el momento en el que puse un pie en la escalera del Museo de Arte Decorativo. Una historia debía ser contada para esa enorme casona, tan extraña, tan fría, con tanta madera y tanta pompa en el exterior. Secretos a los gritos, esa idea me parecía interesante. Hacer que las cosas parecieran sombras, que las palabras quedaran por decir, que en las fotos surgieran fantasmas, fue una tarea muy compleja en el momento de escribir, pero también muy hermosa. Crecí mucho como escritora en esta novela. Victoria Serment Lezama y Madame Serment fueron construídas paso a paso, casi como un dúo en el que la novela iba a sostenerse. Federico Elisalde apareció para destruir esa terrible unidad que había entre ellas. Fue muy difícil escribirla pero también fue un proceso muy satisfactorio y, quizá no esté bien decirlo, el resultado me enorgullece. Y si no fuera así, creo que también sería mi favorita por tener a ese personaje tan lleno de vida que es Itsván Lipinski, fotógrafo anarquista, entre otras cosas.

Bueno, ahí tienen. Creo que no quedó claro cuál es mi favorita. Después de todo, para un autor, cada libro tiene su encanto particular ;).