Un libro que se convierte en historia

Ayer un amigo me contó que vio en el subte una mujer leyendo Lo que no se nombra. Y, mientras lo zamarreaba de un lado para el otro preguntándole si había sacado una foto de contrabando a la mujer* y me divertía con su cara de espanto, pensaba en lo hermoso que es ver esa circulación de los libros en la vida real. Quiero decir sé bien que los libros son leídos, porque ustedes me cuentan por mail, pero nunca me pasó de ver el libro, más allá de las librerías, siendo usado como libro (esto es, en el momento mismo en que se convierte en una historia que es contada a alguien) por alguien completamente extraño, en un lugar totalmente público. Confieso que al viajar tanto en transportes públicos no pierdo la esperanza de ver a alguien leyendo mis libros. Igual no se asusten, prometo no zamarrear a nadie.

*No, no había sacado, así que tuve que retarlo :).