Cuestión de nombres

Hace ya mucho tiempo, casi cinco años, que vengo hablando de los nombres y de aquello que es nombrado o silenciado. He escrito en este blog sobre eso, he hablando en talleres, con lectoras, con amigos, con mis editores, incluso con mi analista (sobre todo con ella) sobre la importancia que tiene la nominación para mí. Por eso, cuando me encuentro con algo así, no puedo quedar menos que sorprendida primero y consternada después (hagan click en las fotos para ver mejor, para ver el sitio completo hacer click aquí):

Alfonso Herrera y Dulce María Espinoza son dos actores mexicanos, que obviamente no tienen nada que ver con esto. Al principio creí que eran dos personajes de una serie de televisión a los que las fans les creaban nuevas historias, una suerte de fan fiction. Pero no, son dos seres reales que deben sentirse tan extraños como yo a la hora de ver este tipo de cosas. 

No soy una escritora famosa, no salgo en los medios masivos de comunicación y la forma más común y más hermosa de publicidad es la que aquellos que me leen me hacen diariamente recomendándome, diciendo "tenés que leer a Margall" o palabras tan hermosas como esas. Sé que existen los libros escaneados, sé que existen lugares donde bajar mis libros, casi toda mi carrera de Historia en la Universidad de Buenos Aires la hice estudiando de fotocopias. Nunca he dicho nada sobre eso, corresponde a otros ocuparse de este tipo de actividades. Pero lo que les muestro no es solo la reproducción ilegal de una de mis novelas (uno de esos pedacitos de mi alma que andan por las librerías) es más que eso, es un acto de violencia hacia mí , hacia mi libro, y hacia todas las autoras que han utilizado en ese foro.

A los que lean eso, lamento desilusionarlos. Jimena no es dulce, de hecho creo que se violentaría bastante si la llamaran así y por todos los dioses de Olimpo, el capitán Martín Olivera, jamás podrá llamarse Poncho, con solo nombrarlo, Jimena le pegaría una trompada.