¿Para qué escribir?

Hace unos días salió en ADN Cultura de La Nación una nota que justo resonaba en lo que estaba trabajando. La nota se titula "¿Por qué escribimos?" y me quedé bastante tiempo pensando si realemente era un ¿por qué? o la pregunta tenía más que ver con un ¿para qué

En mi caso, ¿por qué escribir? es simple: me gusta. Trabajo con palabras, les doy forma, me retuerzo el cerebro pensando en ese matiz que podría modificar una frase. El por qué no es una pregunta difícil. ¿Para qué escribir? ya es más complicado. Encontrar el propósito de la escritura es hacerla válida ante los propios ojos (y de esa manera sortear las trampas de la autocrítica). Pensar en para qué escribir es pensar en algo más que argumentos, personajes y finales, es darle un sentido a cada libro. Un sentido que cada autor conoce bien, o debería conocer bien.

Les dejo los que más me resonaron, por graciosos, o por cercanos a mis propios propósitos, en la nota pueden encontrar los demás.

Andrea Camilleri
Escribo porque no sé hacer otra cosa.

Umberto Eco 

Porque me gusta.
 
Carlos Fuentes
¿Por qué respiro?

Use Lahoz
Para un escritor vivir, fundamentalmente, es escribir.

Elvira Lindo
No sabría vivir sin escribir. Todo lo que hago al cabo del día, lo que veo y escucho, lo que me provoca asombro, alegría o desdicha es material para ser contado. Y esa actitud vital, la de formar parte de la comedia humana pero la de ser también espectadora de ella, ese estar fuera y dentro a la vez, me ayuda a asimilar la experiencia de una manera enriquecedora. Escribo todos los días. Cuando no escribo, me siento una inútil, así que he llegado a una conclusión radical: nunca podré dejarlo. No sé hacer otra cosa, no sabría vivir de otra manera.

Javier Marías
Escribo para no tener jefe ni verme obligado a madrugar (Nota: esta particularmente me gusta mucho :).

Antonio Muñoz Molina
Creo que nunca he pensado mucho en por qué escribo, salvo cuando me han hecho esa pregunta y he tenido que improvisar una respuesta que sonara convincente. Escribo, sobre todo, porque me gusta mucho hacerlo, y me ha gustado casi desde que tengo recuerdos. Me gustaba inventar cuentos, escribirlos y dibujarlos cuando era niño. Me gustaba escribir redacciones en la escuela. Luego empecé a leer novelas de aventuras y me enteré de que todas ellas tenían un autor, que solía ser Julio Verne, y por primera vez me imaginé practicando ese oficio. Después me aficioné a leer poesía y por imitación me puse a escribir versos, siempre muy malos. Cuando tuve una máquina de escribir, se me iban las tardes improvisando lo que fuera, por el puro gusto de golpear las teclas: diarios, poemas, obras de teatro. Escribo por gusto y porque me gano la vida escribiendo. Algunas veces disfruto mucho y otras preferiría estar haciendo cualquier otra cosa. Pero en ocasiones en que me he puesto a escribir contra mi voluntad y casi a la fuerza he encontrado cosas que de otra manera no se me habrían ocurrido. También escribo por quitarme la mala conciencia de no haber escrito, o para tener el alivio de haberlo hecho. Me puedo imaginar no publicando, al menos durante largos períodos, pero no me imagino no escribiendo. En el fondo es un vicio, un hábito cotidiano, o una manera de estar en el mundo, como tener afición por la lectura o por la música.

Andrés Trapiello
Lo natural es hablar, incluso cantar, pero no escribir. Poner las palabras por escrito en un libro es, decía Unamuno, una "tragedia del alma", y acaso se escriba por miedo a quedarse uno a solas con su dolor, como si escribir fuese un remedio, y no un veneno. Así lo siento yo también.

Enrique Vila-Matas
Ah, ya veo, vuelve la vieja y pérfida pregunta. Pero también podrían ustedes preguntarme por qué acabo de hacer un moño en mis zapatos, y por qué no me he contentado con un nudo que, para el caso, me habría servido igual. En algún tiempo remoto, un antepasado hizo el primer moño. Nosotros no somos más que sus imitadores, un eslabón en la cadena ininterrumpida de la tradición. De modo que a quien habría que preguntarle por qué escribo es a ese antepasado, preguntarle por qué quiso ir más allá del nudo.