La grandeza del detalle

Los que me conocen, saben que soy muy reticente a ver películas históricas argentinas. El "síndrome del prócer mirando al horizonte" es bastante frecuente en la cinematografía nacional y me resulta particularmente molesto. Por esa razón, y porque mi formación profesional me ha vuelto desconfiada, no me animaba a ver las dos películas históricas que se están proyectando en estos momentos: Belgrano y Revolución. El cruce de los Andes. Todavía no pude ver Belgrano, pero Revolución sí y realmente me sorprendió. 

Mi pregunta era, ¿podrán superar ese "síndrome de prócer mirando al horizonte"? Si miran la página de Belgrano, ahí está Pablo Rago mirando el vacío, si miran la página de Revolución, los extras también incluyen a Rodrigo de la Serna mirando el horizonte como para confirmar que ese síndrome aún no ha sido dejado de lado. Pero realmente creo que en Revolución, a pesar de recaer algunas veces en esa postura, se logra ir más allá de la mirada al vacío y el discurso de manual.

La película se centra en una sola batalla, la de Chacabuco. Como bien dice la voz en off en la introducción, para 1816 de todas las regiones que se sublevaron contra el dominio español, solo las Provincias Unidas del Río de la Plata conservaban su independencia. La tarea que se propone San Martín, sin la ayuda del gobierno central es conducir un ejército que libere América. Es una buena elección, resultaría casi imposible filmar toda la campaña sanmartiniana, de modo que se toma un detalle, el cruce de los Andes y la batalla de Chacabuco para exponer todo lo que se juega alrededor de esa campaña. Un detalle que encierra el todo: la violencia de la época (en cierto modo escondida por los manuales), la pelea entre el gobierno central y los generales de los ejércitos revolucionarios, la lucha por conseguir los materiales necesarios, la lucha desigual contra las montañas, los enemigos solapados. Detalles por todas partes conforman el todo y nos permiten acercarnos a la experiencia de cruzar los Andes. No es la mirada al horizonte la que nos conecta con San Martín, es el ruido de las piedras que pisa cuando cruza los Andes lo que nos hace entender la magnitud de su campaña.

Detalles por todas partes hacen que San Martín se vuelva humano. Detalles como el dolor, un insulto, un guiño, un chiste, una sonrisa, una mentira, un sentimiento de culpa hacen que se transforme en un ser con más de una dimensión, un ser humano, que después de todo, no era prócer. Creo que la pelicula se propone asumir esa tarea y lo logra de manera efectiva, tanto que en el discurso antes de la batalla de Chacabuco se me saltaron las lágrimas. "¡Seamos libres. Y lo demás no importa nada!" solo funciona si ese personaje antes logró conmovernos de otro modo. Rodrigo de la Serna realmente se luce al recrear uno de los personajes históricos más complejos de nuestra historia.

Uno de los detalles que me resultó extremadamente atractivo fue cómo se representó a Remedios de Escalada. Remedios era una adolescente, San Martín un hombre maduro y esa es exactamente la imagen que se nos da. Otro detalle: la suciedad de las casas y las personas. La higiene tal como la conocemos hoy es un concepto del siglo XX, la gente en esa época era sucia, usaba la ropa durante varios días y no existían cosas tales como el desodorante. Eso se nota, se puede ver,  sentir, se puede experimentar.

Otro detalle central es el de la composición del ejército que cruza los Andes: negros, mulatos, mestizos, indios, esos son las personas que cruzan los Andes, esos son los que liberan América de los españoles. "¿Qué es la patria?" pregunta uno de los personajes en un  momento. "¿Qué es la libertad?" pregunta San Martín a un sargento negro. "Vos sabés bien qué es la libertad", le dice. Preguntas para que cada uno responda, para que cada uno piense.

La película no es perfecta. Hubo detalles (seguimos con ellos) que  no me gustaron. La foto del final, particularmente me pareció sacada de una página de la revista Billiken. No hacía falta la conclusión aleccionadora, ya toda la película nos estaba señalando quiénes habían hecho la patria (sumado al hecho de que es un error histórico importante, porque todavía  no se sabía cómo publicar fotografías en los periódicos de 1880). Lo mismo producen ciertos diálogos, sobre todos los del sacerdote con Corvalán: diálogos que vienen a explicar lo que ya estamos viendo. Si el cine tiene la ventaja de la imagen, ¿para qué explicar que la guerra es sangre, gritos, cuerpos desparramados si ya lo estamos viendo? ¿Para qué la imagen final de San Martín mirando al horizonte? ¿Para qué volver al cliché? 

Otro detalle. He leído y escuchado algunos comentarios: a algunos la película le pareció corta. Como ya dije, la película se centra en la batalla de Chacabuco, decisiva para la liberación de América. El problema no es que dura poco, el problema es que la batalla no tiene suficiente relevancia dramática, una relevancia que debía extenderse a partir de la arenga de San Martín "¡Seamos libres. Y lo demás no importa nada!" Creo que es por eso que resulta como que no tiene un final, a la batalla le falta una tensión dramática, quizá porque el enemigo, los realistas, están desdibujados.

Y un último detalle que me resultó molesto. El famoso "gesto adusto". Rodrigo de la Serna compone a un San Martín que logra conmovernos por su cercanía. Pero en la segunda parte de la película está con este gesto adusto, que se termina transformando en una mueca, que hasta en algún momento me provocó una sonrisa. Si el detalle se repite demasiadas veces, se termina perdiendo o transformándose en algo obvio.

Como dije, detalles. La película me sorprendió gratamente. Si de algo sirve mi recomendación, les recomiendo que vayan a verla. No es fácil  hacer cine histórico en Argentina. No es fácil porque la reconstrucción histórica lleva mucho dinero, un dinero que no se desea invertir en este tipo de producciones. No es fácil porque al hacer películas históricas hay que luchar contra aquello que se nos ha enseñado (la mirada del prócer, las palabras dichas como si se estuviera declamando, los diálogos forzados, el paternalismo, los clichés, Felicitas es un claro ejemplo de este tipo de películas con todos los errores posibles que se pueden cometer). No es fácil y, sin embargo, Revolución. El cruce de los Andes ha logrado superar esos escollos, otorgándonos por primera vez, creo, una reconstrucción de época y unos personajes dignos de la riqueza nuestra historia.