Belgrano: la película

Ayer, por fin, pude ver Belgrano: la película. Afortunadamente, me sorprendí otra vez con una película histórica argentina, porque, como ya les conté, suelo decepcionarme mucho con este tipo de producciones. La película no narra la vida de Manuel Belgrano sino que cuenta los "años revolucionarios" de la vida de Manuel Belgrano, su vida como militar y no su vida como intelectual que prepara las bases ideológicas para la revolución de Mayo (tengan este dato en cuenta porque será parte de una de mis críticas). La narración se mueve cronológicamene entre distintos períodos de tiempo entre los años 1812 y 1820 y dramáticamente entre un Belgrano joven, revolucionario y, en momentos, arrogante, y un Belgrano ya enfermo, torturado, decepcionado, en su lecho de muerte.


Una de las cosas que más me gustó es que, a diferencia de Revolución, la película hace hincapié en la relación entre los generales revolucionarios que hicieron la guerra en el norte y los revolucionarios porteños. Las tensiones fueron enormes, porque enormes eran las diferencias de proyectos y de intereses, pero aún así, eran todos parte del mismo proyecto. Más enorme aún era la falta de recursos para mantener la guerra. Falta, claro, la versión de lo que ocurría en Buenos Aires, que tanto Revolución como Belgrano no desarrollan.

Otra grata sorpresa fue la reconstrucción histórica, en particular los vestidos que eran preciosos, no tanto los peinados, pero bueno, en conjunto el vestuario es muy bello, en especial el de María Dolores Helguera.

Las actuaciones estuvieron parejas en general, ninguno descollaba, pero ninguno desentonaba (cosa que sí pasaba por momentos en Revolución). Pablo Rago no terminó de convencerme como Belgrano, tampoco me disgustó, solo que algo faltaba para darle profundidad al personaje. Me pregunto si eso no tuvo que ver con el hecho de que no investigara nada para el personaje (según afirmó él). De todos los personajes, la que más me gustó fue María Josefa Ezcurra, aún cuando por momentos sus diálogos tenían más que ver con dar información didáctica al espectador que con hablar con los personajes que la rodeaban. Aún así, por la historia que conocemos de María Josefa, cada vez que aparecía Valeria Bertuccelli en pantalla se producía una curiosa tensión, al menos para mí, porque inmediatamente pensaba en Juan Manuel de Rosas. En un momento, cuando María Josefa se pone a discutir con Belgrano, pensé que la tana Ferro iba a aparecer, pero no, se mantuvo tranquila ;).

Un punto en contra para la película es la escena del encuentro en la posta Yatasto en clave de comedia. No, no y no. Quizá algún chiste no hubiera estado mal, pero son diez minutos en los que Pablo Echarri y Pablo Rago intercambian datitos para curarse los achaques (incluida la sospechosa mención del eucaliptus, que es un árbol australiano, de modo que es poco probable que estuviera en América en esa época) es realmente un fastidio dentro de una película bastante sólida que tiene un tono más bien sombrío, porque, después de todo, es la historia de una derrota.

La película, quizá por cuestiones de recursos, es más "hablada" que "actuada", elije hacer referencia a las batallas más que representarlas: se escucha el sonido de los disparos y las explosiones pero pocas veces se ve una batalla real. La elección no es mala y creo que sale ganando en ese rubro. Hace de un problema de recursos una virtud.

Pero al mismo tiempo ahí está su debilidad. Al ser tan "hablada" la película nos fuerza a escuchar lo que dicen los personajes, a analizar sus expresiones. Algo que me chocó profundamente fue la aversión de Belgrano hacia los comerciantes porteños, cuando los llama "los ricos". Si revisamos su biografía a vuelo de pájaro podemos ver que toda la acción pública de Belgrano hasta la Revolución de Mayo tiene que ver con el comercio, en particular en el Consulado, una institución puramente comercial. Tambien podemos ver que su padre, Domingo Belgrano Pérez era uno de los comerciantes más importantes de Buenos Aires y sus hermanos también se dedicaban al comercio. Cuando ese Belgrano de Pablo Rago dice "los ricos" habla, precisamente, de su misma clase social y de esos que están haciendo la revolución. De hecho, llega un momento en el que uno siente que San Martín y Belgrano son los dos únicos locos que quieren la revolución y que no tienen apoyo en ningún lugar, lo cual es mentira, el movimiento revolucionario parte desde Buenos Aires. Evidentemente, esos diálogos son un ejercicio intelectual de los propios guionistas y del director que quisieron ver o construir un Belgrano defensor de los pobres, indios, negros cuando en realidad era el intelectual más importante de la burguesía comercial porteña. Y es mi opinión personal que le erraron feo, exactamente como los guionistas de Revolución le erraron feo al poner la foto al final de la película.

Bien, como conclusión, la película me gustó. El guión es muy sólido, las actuaciones son parejas, aunque de vez en cuando se les escapa el tono impostado de prócer mirando al horizonte, pero mejora mucho cuando aparecen las emociones y, curioso, los insultos. No me emocionó tanto como Revolución, quizá porque esa película hablaba de ideales con los que siento mayor cercanía que con la de Belgrano (los que leyeron Los que esperan la lluvia saben de qué hablo). Y en términos actorales creo que Rodrigo de la Serna hizo un San Martín mucho más vibrante que el Belgrano de Pablo Rago. No sé si notaron, pero Pablo Rago también hace el gestito adusto con la boca, lo cual resulta muy gracioso. Ayer hasta me puse a comparar a cuál de los dos le salía mejor.

Como dije en el post sobre Revolución, esperemos que se abra el camino para nuevas producciones históricas. Ojalá vengan futuras versiones realizadas por capitales privados que nos ofrezcan nuevas visiones sobre estos mismos personajes, o quizá algunos nuevos. Ojalá, y este es un deseo muy mío, en algún momento se deje de hablar de próceres y se hable de la gente común porque, y espero no molestar a  nadie, los próceres no existieron, sino que son una operación intelectual históricamente comprobable. No es mostrando que Belgrano tuvo amantes que se hace una nueva historia, es cuestionando la figura del prócer en sí misma como construcción intelectual de la generación del '80 y corriendo la mirada hacia otros lugares, otras personas, otras acciones. Hombres y mujeres que construyeron un país, que dejaron testimonios en fuentes escritas y que aún hoy esperan que se los escuche y se les devuelva la voz.