Lo que ve una escritora romántica cuando ve una fotografía antigua

Ya habrán notado que, además de ser fanática de Jane Austen y Mariquita Sánchez de Thompson, también lo soy de las fotografías antiguas. Como siempre les comento, la trama de Lo que no se nombra está  inspirada precisamente en ese encanto que tiene para mí contemplar fotografías que congelen un momento en el pasado.

Hace un tiempo descubrí el libro Los años del daguerrotipo. Primeras fotografías argentinas, 1843-1870 y no pude evitar comprarlo (pueden ver la ficha del libro por acá, tiene un precio que siempre me deja un poco perpleja, pero bueno, si les interesa el tema es muy buen libro). Hay una publicación que hizo Clarín hace varios años de fotografías argentinas que todavía se puede conseguir a precio de saldo en la calle Corrientes y que si bien no tiene la misma calidad de papel, tiene varios de los mismos daguerrotipos (el de San Martín, el de Manuelita Rosas y el de Mariquita Sánchez, para nombrar algunos).


De este libro me encanta, por ejemplo, este daguerrotipo de Clotilde de la Barra de Mouján. Lo primero que pienso siempre que la veo es: "pobre, tan bonita y le pusieron Clotilde". Lo segundo que me atrae la atención es el vestido, claro, pareciera que todo el daguerrotipo está preparado para que uno note el vestido y las joyas de oro. Si miran con atención, Clotilde tiene en las sienes dos rulitos que se salen del peinado que parece muy estructurado, casi como si tuviera una redecilla o algo que estuviera sosteniendo el cabello.


Pero la estrella del libro para mí no tiene que ver ni con su valor histórico ni con su valor descriptivo, sino con algo más personal. El daguerrotipo que más me gusta es este, el del general Gregorio Aráoz de Lamadrid con dos de sus hijos, cuya datación, según el libro es de 1852-57. Y no es precisamente por el general que combatió junto a San Martín y Belgrano, sino por su hijo. Ah, sí, la escritora romántica que hay en mí no puede dejar de notar que el muchacho es tremendamente buen mozo.


Veámoslo más de cerca :).


Y un poco más cerca :D.


Le hice algunos retoques digitales a las fotos  para que se pudieran apreciar bien los detalles. Ese lunarcito que se ve en la nariz no es del muchacho, sino que parece algo que está sobre el daguerrotipo o incluso puede ser un defecto de impresión. Es claramento rubio (detalle muy evidente en la barba y el bigote), así como parece ser el general Lamadrid, tiene los ojos oscuros, la piel muy clara y está vestido de caballero (supongo que si fuese militar llevaría también su uniforme). La hermana se parece un poco a él, al menos en la forma del rostro y en los ojos, pero ella tiene el cabello castaño, y por más que intento no puedo encontrarlos a ambos parecidos a su padre.

Intenté averiguar un poco sobre los hijos de Lamadrid para conocer el nombre de este muchacho, lo que llevó algún tiempo porque al menos en Google, no hay demasiado. Si la datación del daguerrotipo como circa 1852-57 es correcta y suponiendo que el hombre tiene entre veiticinco y treinta años, podemos suponer que nació entre 1825 y 1830 aproximadamente. Como dije, costó un poco encontrar información sobre los hijos del general Lamadrid pero hallé en esta página, la lista de los doce hijos que Lamadrid tuvo con María Luisa Díaz Vélez e Insiarte. Los posibles candidatos para estar en este daguerrotipo son:

Pedro Miguel Aráoz de Lamadrid y Díaz Vélez, nacido en Tucumán en 1828 y casado con su prima hermana Josefa.

Eugenio Aráoz de Lamadrid y Díaz Vélez, nacido en Tucumán hacia 1830, no hay registro de su matrimonio ni tiene descendencia (eso lo hace perfecto para una novela, no digan que no :).

Hasta ahí, todo lo que dice Internet, el resto queda para la imaginación. Hay algo que me resulta muy atractivo de este muchacho y es el gesto de la mano en el bolsillo, le da un aire muy espontáneo al daguerrotipo, aire que es muy difícil de obtener, porque los que eran fotografiados debían permanecer sin moverse durante un buen tiempo para que la imagen se fijara. No se aprecia bien en la foto que saqué yo pero la muchacha está un poco borrosa, así que es probable que se hubiera movido mientras se tomaba el daguerrotipo. Otro detalle que lo hace atractivo es que el general Lamadrid mira ceñudo y amenazante a la máquina mientras su hijo tiene la mirada muy relajada que mira directamente a cámara y casi una sonrisa en los labios. Un galán, no puedo dejar de pensarlo.

¿Qué habrá sido de su vida? ¿Cómo era? ¿Cuál era su carácter, sus intereses, sus tristezas? Siempre me pregunto eso cuando veo fotos de gente desconocida. De este muchacho, vemos en esa imagen un minuto de su vida (que era lo que tardaba en fijarse un daguerrotipo), nos falta todo lo demás, que solo podemos imaginar...