Cuestión de piel

A mediados del año pasado tuve una cirugía menor, nada grave y bastante rápida, con una recuperación casi inmediata. Lo que no fue tan simple fue la recuperación de la piel de mi cara que prácticamente retrocedió unos veinte años. Los que me conocen de cerquita, saben que en general tengo uno o dos granitos en la cara, porque mi piel es muy blanca pero también grasa y sensible (y peor si me pongo nerviosa). Me ha llevado unos seis meses de probar cremas y lociones para que la piel llegara a un buen estado, dentro de lo posible que puede llegar a estar mi piel. 

Esta breve explicación fue para introducir una de las cosas más interesantes que me ocurrió mientras trataba de recuperar mi pobre piel: descubrí el mundo del maquillaje. Quizá descubrir no sea la palabras más adecuada porque ya lo conocía, obviamente, pero nunca había llegado a interesarme en profundidad. Para desgracia de mi bolsillo descubrí que el mundo del maquillaje era un mundo casi infinito de tonos rosados, máscaras de pestañas y bases de maquillaje que nunca llegan a ser tan pálidas como el tono de mi piel (soy muy blanca y me niego a broncearme en verano, porque básicamente no me bronceo, así que permanezco pálida cual joven del siglo XIX que se blanqueaba la piel con polvos).

La hermosa Nefertiti con los ojos delineados (fuente: Wikipedia)

Con el interés por el maquillaje vino, casi imposible de evitar para mí, el interés por la historia de los cosméticos. Sabía de polvos que se aplicaban las mujeres para empalidecerse en el siglo XIX o el colorete subido que usaban las cortesanas de la corte de Francia del siglo XVII, pero poco más. No sabía, por ejemplo, que cada década del siglo XX tiene un estilo de maquillaje particular o que si las muchachas del siglo XIX tenían prohibido usar pintura en el rostro (porque eso era cosa de actrices y prostitutas), encontraban la manera de embellecerse dejándose larguísimo el cabello (y de ahí el tremendo sacrificio que hace Jo March al vender su cabello para obtener dinero para su padre en Mujercitas).

Labios rojos (fuente The Commons de Flickr)

Durante los próximos días voy a hacer algunos posts con la historia del maquillaje, al menos lo que apenas he empezado a vislumbrar. Una cuestión (un prejuicio, quizá) me da vueltas mientras busco información sobre este tema y es la siguiente: ¿no es el tema del maquillaje demasiado frívolo? Me he hecho esta pregunta varias veces, sobre todo al pagar algunos precios (créanme que iniciarse en este mundo afecta más al bolsillo que a cualquier otro ámbito de la vida :). Creo que si uno recorre la historia del mundo, se da cuenta que en las representaciones los seres humanos aparecen con marcas en el rostro hechas deliberadamente con tinturas vegetales o con polvos minerales, nada distinto de lo que hoy ocurre. Creo que la pregunta más que acercarse a la frivolidad o no del maquillaje, en definitiva, uno tiene derecho a algo de frivolidad en la vida :), debería ser "¿para qué?". ¿Para qué Nefertiti se delineaba los ojos o Cleopatra se bañaba en leche de burra? ¿Para qué un joven emo se delinea los ojos de negro? ¿Para qué una mujer usa un labial rojo brillante? ¿Por qué las maiko (aprendices de geisha) se pintaba por completo el rostro de blanco y rosa? Obviamente no vamos a poder obtener respuestas concretas, pero creo que va a ser una linda experiencia recorrer la historia del maquillaje en los próximos días, y también, por qué no, hacer una historia de las mujeres a partir del maquillaje.