Bien sabido tiene usted que la idolatro...

En la presentación de La princesa de las pampas en la Feria del Libro mencioné y recomendé un libro de Carlos Mayo llamado Porque la quiero tanto. Historia del amor en la sociedad rioplatense (1750-1860) (Editorial Biblos, 2004). Y realmente quería hacerles una reseña sobre este libro porque es uno de los que más he utilizado para escribir mis novelas. 

El libro es bastante breve (lo que a veces hace que una se quede con las ganas de seguir leyendo), pero está escrita en un tono muy familiar y hasta podría decir un tono de ternura muy amable. En este libro Carlos Mayo se propone construir una historia del amor romántico y dice "la sola enunciación del tema plantea una hipótesis o, mejor dicho, dos hipótesis audaces: que el amor tiene historia y que la sociedad de este perdido rincón del mundo -el Río de la Plata- tiene acaso una manera algo particular de querer". Lo que señala Carlos Mayo es que no siempre se amó del mismo modo o, más bien, que la sociedad no reaccionó del mismo modo al amor en determinado período histórico. Que el amor existía no cabía duda de eso, el tema era qué hacer con el amor.

Desde el Virreinato del Río de la Plata a la batalla de Caseros hubo cambios políticos, sociales y económicos importantísimos en región de Buenos Aires y esos cambios fueron afectando la vida sentimental de los porteños. A principios del siglo XIX, los padres veían con muy malos ojos que las hijas se enamoraran de cualquiera que no fuera el que ellos elegían. Protagonista de este tipo de pensamiento es el conocídisimo caso de Mariquita Sánchez de Thompson que tuvo que llegar hasta el virrey Sobremonte (el mismo de la primera invasión inglesa) para que decidiera sobre el juicio de disenso que sus padres hicieron contra Martín Thompson. Era la época de lo que el autor llama "el amor libremente elegido". Aires de libertad y revolución política se conjugaban con las elecciones amorosas de las personas de principios de siglo XIX. 

Para la época rivadaviana, por ejemplo, la época romántica como la conocemos los historiadores, traerá los sonidos del amor romántico, casi etéreo. La pasión no era bien vista, porque la pasión inducía al error (y recordemos, lo que estaba en juego en esa época en cuestiones románticas no solo era la vida de los enamorados, sino las fortunas familiares que no debían desperdiciarse). Carlos Mayo cita un periódico femenino de 1830, llamado La Aljaba: "Si se entregaban a sus pasiones, la mujer joven y su pareja podían acabar en la ruina. La mujer que se sustraía de la tutela paterna 'para entregarse a los delirios de una imaginación exaltada', la mujer que tiene por norte 'sus deseos excesivos, se aprovecha de los primeros efluvios de la pasión de amor con quien se ha ligado no para cimentar su dicha' sino que apura 'su inmediata ruina'". El amor era cosa seria.

El amor durante la dictadura de Rosas traerá la historia de Camila como bien todos sabemos y también mencioné en la presentación. Para los emigrados será la época de abandonar en Buenos Aires a sus amadas y encontrar la pasión en el extranjero. Época terrible para las mujeres, que debían sacrificar a sus hombres (padres, hijos, hermanos...) en pos de una guerra civil que estaba desangrando al país. En el regreso a Buenos Aires, después de la batalla Caseros, el amor conocerá su expansión máxima, será la pasión exaltada, arrebatada la que proponían los períodicos que empezaron a publicarse en esa época y que conocerían su máxima expansión durante las décadas del '60 y del '70 (recuerden Ojos color pampa).

Uno de mis detalles preferidos de este libro y lo que hace que siempre recurra a él, es la cantidad de citas que posee. Mayo utiliza fuentes privadas (cartas, poemas), publicaciones períodicas (como el períodico La Aljaba) o bien fuentes judiciales como los juicios de disenso. A la hora de reconstruir una época, la voz de los propios protagonistas se hace esencial: 

  • Juan Ramón Balcarce le escribe a su novia María Victoria a fines del siglo XVIII: "No te puedo comprender negrita mía, si te escribo dices que el corazón te anuncia que mis cartas son fingidas solo por conservar la correspondencia, si quiero verte dices que padece tu estimación... en resumidas cuentas ni quieres que te vea ni que te escriba". Existía la sospecha de que María Victoria tenía sangre negra en su pasado, de modo que los padres de Juan Ramón se oponían al matrimonio.
  • En la década de 1830, Vicente Fidel López le escribe a su futura esposa Carmen: "No pudiéndome contener en mi pecho por un tiempo más el fuego que me devora, atropello todo para declarar a usted mis sentimientos (...) exigiré una contestación que me satisfaga; bien sabido tiene usted que la idolatro, por todo necesito para saber si usted me ama como yo la amo, es decir si usted me prefiere a los demás jóvenes (...) así pues tenga a bondad, la compasión de contestarme de un modo que me haga feliz (...) mi vida no deje usted de contestarme mañana mismo... Su apasionado y firme amante. V.F.L".

El libro tiene un apéndice en donde se publican cartas de amor de Juan Lavalle a su esposa Dolores Correa, María Guadalupe Cuenca a Mariano Moreno, Juan Ramón Balcarce a María Victoria Mariño entre otros. Hermoso conjunto de cartas que nos habla del amor, los desencuentros, las distancias y el dolor.

He visto en varias librerías este libro así que si tienen ganas de conocer algo sobre el amor en Argentina o están planeando escribir alguna novela romántica histórica, quizá les resultaría muy útil conseguir este libro. Por aquí pueden ver una vista previa del libro y leer algunas de sus páginas para ver de qué se trata.