Palabras de amor

Entre 1828 y 1830, don Tomás Martínez, un pastor de "los Montes Grandes", intercambia una serie de encendidas cartas de amor con su amada, doña Jacinta Ferreyra, vecina de Buenos Aires: My Jacinta de mi alma, solo a ti pienso... para mí sos la prenda de mi corazón, sos la prenda que hadoro, por quien sacrificare hasta la bida, Mi alma estoi escribiendo a las doce de la noche, hoy Miércoles, no sé qué es lo que escribo porque estoi de alegria, de regocijo peor que pribado, no descanso de tener a cada instante tu carta en mi mano, la leo, leo tu nombre y se me hace sueño (?) no sé cómo esplicarme o cómo escribirte...".

Más adelante le explica las razones por las cuales no puede correr a ese mismo momento a verla: "Mi alma de mi bida, no me boi al momento de recibir la tuya porque estoi en la fuerza de arreglar esta tu casa, pues estoi por (...) salir a los apartes a recoger ganados y Aciendas cabayunas que tengo esparramadas en barias estancias de los becinos...".

Esta carta es de septiembre de 1828, pero tan alegre y confundido estába el pobre Tomás al redactarla durante esa noche interminable, que la fechó un siglo antes, en septiembre de ¡1728! Una carta posterior, de mediados de 1830, dice: "sos la prenda que idolatro en esta bida, por bos bibo y por bos muero y así mi Jacinta de mi vida tené pasensia que lo más pronto que pueda me de hir mi corazón hasta estrecharte en mis brasos, no soi más largo mi Palomita porque estoi con el pie en el Estrivo para caminar a haser una tropa para nuestro Jeneral pa mandar hal Ejército...".

Esta es la anteúltima carta de nuestro enamorado que ya estaba muy enfermo y muere poco después -sin haber podido bajar a Buenos Aires a abrazar a su Jacinta-; la frase de "nuestro Jeneral" obviamente alude a don Juan Manuel de Rosas.

Este hermosísimo fragmento pertenece al artículo de Juan Carlos Garavaglia "Ámbitos, vínculos y cuerpos. La campaña bonaerense de vieja colonización", del libro Historia de la vida privada en la Argentina. País antiguo. De la colonia a 1870, compilación dirigida por Fernando Devoto y Marta Madero. El libro pertenece a una colección de tres "historias de la vida privada" y es una muy reciente y muy ansiada adquisición. No son libros fácilmente conseguibles pero si los ven usados o en saldos los recomiendo ampliamente.

Vivimos en una época en la que la ortografía tristemente tambalea y sin embargo, y si bien don Tomás parece no pegarle a ninguna "v", en lugar de provocarme malestar, me provocan ternura. Probablemente apenas haya ido a alguna escuela de alguna parroquia rural y su educación no haya durado más de un año. 

Historia de amor, triste, sí, pero de la que ha quedado registro para fortuna nuestra. Una pregunta me queda: ¿Qué habrá sido de la vida de Jacinta?