Una cita los martes: la tierra escarlata

Ya la labranza estaba casi terminada, y el sangriento resplandor del ocaso teñía los surcos recién abiertos en la roja arcilla de Georgia de tonalidades aún más bermejas. La húmeda tierra hambrienta que esperaba, arada, las simientes de algodón, mostraba tintes rosados, bermellón y escarlata en los lomos de los arenosos surcos, y siena allí donde las sombras caían a lo largo de las zanjas. La encalada mansión de ladrillo parecía una isla asentada en un mar rojo chillón, un mar cuyo oleaje ondulante, creciente, se hubiera petrificado de pronto, cuando las rosadas crestas de sus ondans iban a romperse. Porque allí no había surcos rectos y largos, como los que pueden verse en los campos de arcilla amarillenta de la llana Georgia central o en la oscura y fértil tierra de las plantaciones costeras. El campo se extendía en un millón de curvas para evitar que la rica tierra se deslizase en las profundidades del río.

Margaret Mitchell, Lo que el viento se llevó

Un poco excesiva incluso para mis gustos barrocos, me sorprendió mucho esta descripción de la tierra de Tara, la plantación de los O'hara en Lo que el viento se llevó. No la recordaba de mi primera lectura de la novela, que no fue hace tanto tiempo y me gustó mucho encontrarla al releerla. Está al inicio de la novela, en el capítulo 1, y plantea desde el inicio la importancia de la tierra roja de Georgia para Scarlet O'hara, importancia que la misma Scarlet desconoce pero que irá reconociendo con el tiempo. El mismo tono rojizo se mantendrá en la versión fílmica de la novela, en la escena famosa del "As God is my witness".