Una cita los martes: Jo March

(...) Pregunté a mis amigos y amigas: “Una mujer escribiendo: ¿qué es lo que ven?”. Habría una pausa, luego los ojos se iluminarían, viendo. Algunos me remitieron a cuadros –Fragonard, Cassatt– pero la mayoría de ellos resultaron ser cuadros de una mujer leyendo o con una carta, no realmente escribiendo o leyendo la carta sino mirando por encima de ella con ojos perdidos: ¿Volverá él alguna vez? ¿Recordé apagar la olla con la comida? Otro amigo respondió vigorosamente: “Una mujer escribiendo está tomando un dictado”. Otro dijo, “Está sentada en la mesa de la cocina, y los niños gritan”. 
Esa última es la imagen que perseguiré. Pero primero permítanme contarles la respuesta inicial que yo misma le di a mi pregunta: Jo March. Desde lo inmediato, la autoridad con que las ilustraciones familiares de Mujercitas hechas por Frank Merril vinieron a mi mente en cuanto me pregunté cómo se ve a una mujer escribiendo. Sé que Jo March debe haber tenido una real influencia sobre mí cuando yo era una escritora principiante. Estoy segura de que ella ha influenciado a muchas niñas, ya que no está, como la mayor parte de los/las autores/-as “reales”, ni muerta ni inaccesiblemente famosa, ni como tantos/-as artistas en los libros, apartada por sensibilidad o sufrimiento o superlatividad general; tampoco es ella, como la mayoría de los autores en las novelas, varón. Ella es próxima como una hermana y tan común como el pasto.
Ursula K. Le Guin, "La hija de la pescadera" 
en Escritoras y escritura (versión disponible en pdf).