Una cita los martes: ¿Solo él?

     Por ella se convencerá V. E que no presta consentimiento para el matrimonio de su hija, no porque rehuse o no quiera que se case, pues antes bien lo desea, sino porque halla que no le conviene con Thompson. Si a su hija se le pasara el tiempo o le faltaran pretendientes, no se opondría la exponente a que se casase, aunque Thompson no sea para ello. Mas habiendo quien la pretende y cuando no quiera con éste, no debiendo desconfiarse que se presente otro y otros de las calidades que la exponente necesita y a que su hija le conviene, ¿qué razón habría, qué magistrado prudente podría compelerla y estrecharla a que dé su consentimiento? ¿Pues qué? No hay más sino porque una joven incauta e inexperta se dejó envolver en los lazos de un pretendiente astuto y artificioso, por eso han de convenir los padres, quieran que no quieran, en que se case, y el interesado pretendiente entre a manejar su caudal, para que se regale y viva, y los nietos perezcan, si no fuese la misma hija. 
(...)
     ¿Pero qué? Entre todos los hombres del mundo, ¿solo Thompson agrada a la hija de la exponente? ¿Solo él puede hacerle familiar? ¿Solo con él puede asegurar su salvación? Ese es el garfio de que comúnmente se valen las hijas de familia no bien impuestas todavía de los principios más elevados de nuestra religión para arrancar el consentimiento de sus superiores a pretexto de santidad o virtud. Pero los que han pasado la primavera de la edad del hombre, y se hallan ya en el otoño, reflexionando sobre las excursiones que hacían en aquella verde edad, tras las flores que los encantaban, saben y conocen muy bien que este no es sino el lenguaje de las pasiones, o un velo impenetrable de una fascinación seductora.

Fragmentos de la declaración de doña María Magdalena Trillo de Sánchez Velasco 
-madre de María de los Santos Sánchez- 
en el juicio de disenso promovido por el alférez de fragata de la Real Armada, 
don Martín JacoboThompson, de 1804.