La escritura y sus problemas 1: La trampa de la inspiración


Ah, la inspiración. 

A veces creo que la inspiración es la madre de todos los problemas de la escritura. La inspiración parece ser ese instante de gracia, ese momento mágico en el que uno concibe y escribe una novela sublime, la mejor de todas las novelas, una novela maravillosa, digna del Nobel, de unas cuatrocientas páginas en Times New Roman 10 a interlineado simple en solo tres días.

Mmmm...

¿Está complicado, no?

La inspiración existe, claro que sí, pero el problema es creer que dura para siempre y que será la responsable de las cuatrocientas páginas de la novela. De hecho, habrán comprobado, la inspiración no dura mucho. Como todo sentimiento apasionado es muy fuerte pero también muy breve. Hacer que la escritura dependa de un momento tan apasionado pero tan breve como es el momento en que nos sentimos inspirados es una trampa en la que hemos caído todos los que nos disponemos a alguna tarea artística.

¿Se preguntaron qué es exactamente la inspiración?

He notado que mucha gente cree que la inspiración es algo externo, que de repente llega, como un foco que se prende sobre nuestras cabezas y nos ilumina. Por eso muchos se quedan esperando ese rapto de iluminación para escribir. El problema es que no siempre llega y corremos el riesgo de quedarnos esperando y esperando y esperando...

Y lo cierto es que la inspiración no viene de ningún lado. Al menos para mí, y aclaro que es para mí, porque debe haber tantas teorías como escritores, la inspiración no es otra cosa que ver algo -una persona, un objeto, una frase, un hecho histórico- bajo una nueva luz que me permite darle un nuevo sentido, un sentido poético. Entonces, la inspiración no "viene" de ningún lado, sino más bien "sale" de nosotros, ofrece un nuevo sentido a algo que antes no lo tenía y vuelve hacia nosotros con un contenido poético.

Creo que la diferencia es notoria, no es "algo" lo que me inspira sino que ese "algo" es visto (escuchado, sentido, pensado, etc.) por mí de un modo diferente, un modo poético. Y entonces no se trata de que ese "algo" aparezca de repente, como por arte de magia, sino de estar preparada para que, en cualquier situación -incluso la de la misma escritura- yo pueda ver ese "algo" de un modo distinto.

Como verán, para mí escritura e inspiración no vienen de la mano. Estar inspirados no necesariamente va a  hacer que escriban una novela (cuento, cuadro, canción, lo que quieran). Lo que va a hacer que la escriban será el trabajo frente al papel (máquina de escribir, notebook, lo que usen). Cuando a Umberto Eco le preguntan "¿Y usted cómo escribe una novela?" él responde: "De izquierda a derecha" y de izquierda a derecha será siempre.

¿Conclusión? La inspiración existe, claro que sí, si la sintieron alguna vez, saben que existe. Escribir inspirado es un momento muy hermoso del proceso de escritura, pero no dura para siempre como a uno le gustaría. Y personalmente creo que ahí es cuando comienza el famoso "bloqueo de escritor" que será el tema del próximo domingo.

Esta entrada forma parte de la serie La escritura y sus problemas.