Entrevista a Pablo Cirio

En el pasado Festival de Novela Romántica que se hizo en junio (¡ya estamos en julio! medio año se fue volando), tuve la posibilidad de conocer a Pablo Cirio, antropólogo especializado en estudios afroargentinos y afroamericanos. Cuando preparaba La princesa de las pampas y La hija del Tirano buscando información sobre negros en la época de Rosas, el nombre de Pablo Cirio aparecía constantemente y utilicé varios de sus artículos para informarme sobre el tema. Así que cuando lo vi junto a Mirta Fachini en el Festival le pregunté si podía hacerle una entrevista. Pablo accedió y aquí comparto con ustedes sus respuestas:

¿Cómo empezaste a trabajar con el problema de la herencia africana en Argentina? 

Comencé como se comienzan muchas cosas que luego llevan la vida, de casualidad. En enero de 1992 fui invitado por un amigo a pasar unos días de vacaciones a Corrientes y “de paso” visitar Empedrado para conocer la fiesta de san Baltazar, pues se rumoreaba que tenía una impronta afro importante, sobre todo en lo musical, cuestión que los estudios musicológicos argentinos no sólo desconocían sino que negaban la existencia de este tipo de música. Resolví estudiar la cuestión ahondando en la realidad y no en la bibliografía. Desde ese entonces la afroargentinidad ha sido un camino de ida, en mi profesión y en mi vida. 

Negro, africano esclavizado, afroporteño, afrodescendiente, cada término tiene una carga semántica e histórica importante, ¿cuál sería la más apropiada para cada momento histórico? 

Estos y muchos otros términos proceden de diferentes enfoques, fueron dados o generados en diversas circunstancias, por diferentes actores políticos, en diferentes contextos (inter)nacionales y, también, obedecen a diferentes estadíos del progreso moral y científico del hombre. Por lo tanto, significan cosas distintas y no todos son operativos en toda circunstancia, tiempo y lugar. En el caso de la población argentina descendiente de esclavizados en este país, el término correcto específico es “afroargentino del tronco colonial”, y, de modo general, “afrodescendiente”, lo cual no implica que puedan tener la piel de color negro, el color original del 100% de la población africana secuestrada entre los siglos XVI y XIX y traída por la fuerza aquí, por eso se le decía “negro”. Todos ellos fueron traídos en condición de esclavizado, término que ahora se prefiere al usual “esclavo”, para dar cuenta que ello fue un proceso y no un hecho natural. Respecto a otros grupos de raíz afro que viven en la Argentina (distintos a los nombrados, que son de la Argentina), como los portugueses de las Islas de Cabo Verde o los uruguayos que en su país descienden de esclavos, el proceso por el cual están aquí es el migratorio, absolutamente diferente al marco del genocidio africano que signó la trata esclavista de la cual nuestro país participó y se benefició durante tres siglos y medio. Por eso es tan importante no confundir color con proceso. 

A fines del siglo XIX y principios del XX se termina de definir eso que llamamos “historia oficial” ligada al mitrismo y al liberalismo y se da forma al concepto de nación. Esa “historia oficial” excluye deliberadamente a los africanos de la historia nacional. En relación a la exclusión de los africanos en la historia y en la nación argentina: ¿Cómo construyen los afrodescendientes su propia historia? ¿Se incluyen dentro de la “historia nacional”? ¿Hacen cuestionamientos historiográficos?

La historia de los afroargentinos del tronco colonial no está escindida de la historia del país, de la “narrativa mayor” que nos configuró como nación. De hecho, como grupo preexistente a la nación, es formadora de la misma, pero lo que sucede es que su protagonismo no fue incluido acorde a los hechos, y éstos se fraguaron a favor de un discurso blanco, europeizante. Por lo tanto, la primer demanda de este grupo es “ser incluidos en la Historia”, ya que lo que hoy es la República Argentina es deudora ante ellos por haber participado y beneficiado del comercio de sus ancestros y éstos han jugado roles importantes y decisivos en la construcción de la nación, por ejemplo, librándonos del poder español en los campos de batalla. Todos recordamos al granadero (y sargento post mortem) Juan Bautista Cabral, ¿pero quién recuerda que era negro? Y, como en este país, todos somos blancos hasta que se demuestra lo contrario, es oportuno y feliz realizar una operatoria de afirmaciones positivas que realcen y recalquen la prosapia afro de nuestra población y cultura ya que, si no, no se la considera como tal. 

Los candombes (tanto el baile como los lugares de reunión) fueron prohibido varias veces durante el siglo XIX, en particular durante la época colonial. ¿Puede haber sido utilizado como un método de protesta social? 

 El testimonio más antiguo de la utilización del candombe -porteño, en este caso, porque en el país hay varios tipos de candombe autóctono- data del cercanísimo 6 de enero de 2012. Fue con motivo de la inminente demolición de la Casa Suiza (Rodríguez Peña 254, Buenos Aires), último inmueble porteño directamente vinculado a su población afro, ya que allí se realizó, por más de 50 años, los bailes de carnaval del Shimmy Club, una asociación afroporteña, entre ca. 1920 y ca. 1980. Ese 6 de enero de 2012, y luego el 17 de abril de 2012 -Día del Afroargentinos del Tronco Colonial-, la Asociación Misibamba tocó, cantó y bailó candombe porteño en su puerta, como una señal de protesta. Fue la primera vez que los afroargentinos del tronco colonial protestan públicamente de manera distintiva con candombe. Mi respuesta hasta aquí es, en cierta manera, la esperable. Ahora, en realidad, desde el primer momento en que un esclavizado tocó tambor aquí, ello fue una protesta, una manifestación de disenso, una forma de hacer política, a su manera. En una sociedad en la que estaban reducidos a cosa, privados de toda libertad y todo movimiento, en un proceso de enculturación violento donde la Iglesia no se privó de intervenir -al menos para salvar sus almas-, tocar el tambor fue una valiente manera de expresar “¡Aquí estamos!”. Sólo así se torna comprensible por qué bandos virreinales, como uno de 1766, castigaban con 200 azotes y un mes de barranca a los que lo hicieran. Y fueron valientemente desobedientes. Es por eso que el candombe porteño sigue entre nosotros. 

Trabajás sobre periódicos afro que se publicaron durante el siglo XIX en Argentina. -¿Podés contarnos qué temas tratan esos periódicos? -¿Existió alguna publicación dedicada específicamente a las mujeres? -¿Hablaban de la participación afro en diferentes hechos históricos? ¿Existían reivindicaciones de algún tipo? 

 Entre 1858 y 1882 hubo en Buenos Aires una veintena de periódicos de la comunidad afroporteña, algunos con vida efímera y otros salieron con varios años, todos con periodicidad semanal y con 4 páginas de extensión. Bajo ningún aspecto reflejaban la vida y la sociedad afroporteña sino la vida y la sociedad afroporteña de clase media-alta y con conocimiento de lectura, por cierto una minoría, por lo que si no se analizan cuidadosamente inferiremos una visión distorsionada de esa época y de la relación entre esta comunidad y la sociedad envolvente. Como se estilaba en la época, la prensa periódica era esencialmente anónima y, aunque no hay ninguna específica de mujeres, algunas figuran como autoras de los artículos y de oportunas contribuciones de poemas. Con todo, cabe destacar que el público al que estaba dirigido era, básicamente, femenino. El fuerte carácter social-lúdico de muchos de estos periódicos llevó a sus directores a presentarlos, explícitamente, “Dedicados al bello sexo” por “El sexo barbudo”. 

¿Existió algún movimiento de reivindicación política que invocara la pertenencia africana? Si existió, ¿de qué manera se manifestaban estas reivindicaciones? 

Es muy probable, pero es un tema difícil de estudiar dado que no hay documentos, pero los hubo. El primero periódico afroporteño, de 1858, y del cual no se conserva ningún ejemplar, se llamó El Demócrata Negro o sea La Raza Africana. Sería muy revelador saber de qué hablaba con semejante título. Hacia 1880 había en Buenos Aires al menos dos asociaciones afroporteñas de índole política: Amigos de la Paz y Club Unión Autonomista. Tampoco sabemos qué hacían.   

Trabajás en contacto directo con población afrodescendiente. ¿Cómo se relacionan ellos con la idea de que los afro desaparecieron de la historia Argentina resumida en esa expresión de Félix Luna “En nuestro país, ya se sabe, los negros fueron desapareciendo”? 

La frase es poco feliz y la realidad se ha encargado de contradecirla. Procede del anquilosado pensamiento de la Generación del ’80 y ni siquiera se hace cargo de su responsabilidad en el hecho… como si hubieran desaparecido por evaporación. En esta línea, toda la tarea cultural de difusión de esta cultura apunta a dar cuenta de una presencia tan antigua como la llegada de los invasores europeos a este territorio. Todos los barcos eran europeos, pero algunos venían de África. 

En cuanto a la actualidad afrodescendiente: -¿reconocen los afrodescendientes alguna pertenencia política específica? -¿conservan tradiciones culturales propiamente africanas? ¿cuáles? -¿Qué lugar ocupan las mujeres dentro de esa transmisión? 

 Las pertenencias políticas de los afroargentinos del tronco colonial funcionan a nivel personal-familiar, no conozco identificaciones comunales. Con más de 400 años de vida en este territorio, hablar de mantener tradiciones propiamente africanas implica desentenderse del proceso de mestizaje biológico-cultural que significó su propia presencia aquí. En todo caso, se puede hablar de que conservan tradiciones de matriz africana pero que, muy difícilmente, procedan de África, sino que fueron creadas en América. El candombe, por ejemplo. Es un tema aún por estudiar el rol protagónico que tuvo y tiene la mujer en la transmisión de esos saberes. En el caso del candombe porteño, por ejemplo, que se trata de un género esencialmente cantado, la mantención y transmisión de los cantos es básicamente femenina. Lo mismo sucede con su capacidad de liderazgo social. Dos de las tres asociaciones existentes de afroargentinos del tronco colonial fueron fundadas por mujeres y están dirigidas por ellas. 

La música parece ser un elemento de cohesión social importantísima, tanto en el pasado como en el presente: -¿Cómo se transmite la herencia musical? -¿Has registrado cambios a lo largo de los años? 

Entre los afroargentinos del tronco colonial la música es una institución central ya que permite generar sentido de identidad y de pertenencia. Por ende, la cuestión es más compleja y profunda que pensar a la música simplemente como un epifenómeno cultural, como una obviedad esencialista. Básicamente, se transmite por transmisión oral en cadena transgeneracional y, muy recientemente, otros canales de comunicación son utilizados por los afroargentinos con igual validez y relevancia. Así, el navegar por la web, el leer trabajos de académicos -o intercambiar opiniones con ellos, en el caso de aquellos que hacen etnografía-, constituyen canales sui géneris de mantención e, incluso, revitalización de prácticas, repertorio e instrumentos musicales virtualmente perdidos. Pasa que la modernidad llega para todos y, como nunca vivieron en una isla de pureza original, como contemporáneos se valen de todos los canales que tienen a su alcance. Cuestión que la Academia aún no ha dado una interpretación satisfactoria. 

¡Gracias Pablo por tus respuestas!

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