Silvina Ocampo

Silvina Ocampo (fuente)


Hoy se cumplen 110 años del nacimiento de Silvina Ocampo. No hace mucho tiempo que descubrí a Silvina Ocampo, pero descubrirla es empezar a querer leer más de ella: tengo diez libros de Silvina Ocampo, la mayor cantidad de libros de un solo autor.

Sexta hija de un matrinio patricio de Buenos Aires (de esas familias que se iban un año a Europa y llevaban la vaca en el barco para que las hijas tuvieran leche fresca durante el viaje), Silvina es uno de esos tesoros escondidos dentro de la literatura argentina. La obra de Silvina está poblada de niños, criadas, señoras, sirvientes, casas enormes, ambientes y seres que parecen cotidianos pero que de pronto son cubiertos por la aparición de lo fantástico. Claramente influenciada por Lewis Carroll y el surrealismo (fue alumna de pintura del pintor Giorgio de Chirico) leer a Silvina Ocampo es ingresar en un mundo parecido al nuestro, pero no igual, un mundo que nos deja pensando ¿qué pasó acá? y al que volvemos por más.

En parte opacada por su hermana (y madrina de bautismo) Victoria Ocampo, en parte por su marido, Adolfo Bioy Casares, y su amigo, Jorge Luis Borges, Silvina no fue apreciada como escritora hasta la década del '70.  Hoy, por fortuna se pueden conseguir varias ediciones de sus cuentos y poemas a precios mucho más accesibles que cualquier best seller.

Suelo decir que tengo un panteón con tres diosas y una diosa primitiva*. Dentro de esas tres diosas está Silvina Ocampo, a ella me encomiendo cada vez que empiezo una nueva novela. Así que, ¿la recomiendo? OBVIO :). Sobre todo si les gusta Lewis Carrol y Julio Cortázar, leer a Silvina Ocampo es casi obligatorio. ¿Por qué libro empezar? Por cualquiera, claro, pero si tengo que recomendar uno, ese sería El viaje olvidado donde está uno de mis cuentos favoritos de Silvina, "El retrato mal hecho":
La vida era un larguísimo cansancio de descansar demasiado; la vida era muchas señoras que conversan sin oírse en las salas de las casas donde de tarde en tarde se espera una fiesta como un alivio. Y así, a fuerza de vivir en postura de retrato mal hecho, la impaciencia de Eponina se volvió paciente y comprimida, e idéntica a las rosas de papel que crecen debajo de los fanales.
Mañana una cita más de Silvina :).

*Las tres diosas son Silvina Ocampo, Edith Wharton y Jane Austen, la diosa primitiva es Louisa M. Alcott.