Las tribulaciones de un chino en China

Hace un mes ya, con el amigo Marcelo De Biase de Libreta Chatarra, se nos ocurrió un ejercicio. En base a esta entrada él comentó en mi página de Facebook que uno de sus libros favoritos de niño era Las tribulaciones de un chino en China de Julio Verne. El título y la historia del libro me parecieron muy originales y, en cierto modo, muy borgeanas. El ejercicio que nos propusimos hacer con Marcelo fue el de escribir un texto a lo Borges y publicarlo en nuestro blog. Él lo hizo hace un mes más o menos, pueden ver su texto por aquí y aquí estoy yo, tarde pero seguro, cumpliendo con mi parte.

Lo que sigue es un homenaje a Borges, y casi una falta de respeto, de una pedestre Pierre Menard del siglo XXI. Está basado, en los textos magistrales de Historia universal de la infamia, de 1935, textos que juegan que van de la ficción dentro de la ficción, haciéndonos dudar de todas las afirmaciones de Borges. Aquí lo tienen:

Las tribulaciones de un chino en China

El texto más antiguo hallado sobre la triste historia del chino Kin-Fo data del final del reinado del emperador Shenzhong. La dinastía Song había entrado en combate con los fieros mogoles bajo el mando del glorioso Temudyin, el Gran Khan. Un mensajero le informa al noble Kin-Fo, que había perdido todo sus campos, su familia, sus campesinos en manos de una incursión mogol. Kin-Fo decidió suicidarse ante la pérdida de aquello que consideraba su pertenencias más preciosas. Incapaz de hacerlo por sí msmo, Kin-Fo contrató a dos sicarios del emperador para que lo asesinen. Se disfraza de comerciante y visita a los sicarios. Les hace un pedido: que la víctima, el noble Kin-Fo, nunca jamás se entere de que va a ser asesinado. Le pide a los sicarios delicadeza. Una flor que contenga un veneno, una manta que abrigue y mate al mismo tiempo, una mujer que asesine con la mirada. Los sicarios se interesan, es el primer desafío que realmente les atrae. Ya en su casa, un nuevo mensajero llega hasta Kin-Fo. Se le informa que no todo se ha perdido, que su familia está bien y sus campesinos han empezado la reconstrucción de los campos incendiados. Kin-Fo, feliz, decide que ya no quiere morir. Va a ver a los sicarios vestido de comerciante. Pero no los encuentra. El final de la historia de Kin-Fo está incompleto como mucho de los archivos de la dinastía Song.

A fines del siglo XIX, el comercio con China trajo sedas, porcelanas e historias. La historia inconclusa del noble Kin-Fo hizo vibrar la compulsión occidental de ponerle fin a todo. De las nueve versiones literarias que se conocen de la historia de Kin Fo, llaman la atención tres. 

La más conocida de las versiones la publicó Jules Verne en el diario Le temps en 1879. En esta versión, la expansión y dominación europea influye en el estilo poético. Kin-Fo ya no es un noble, sino un comerciante chino. No recibe un correo, sino un telegrama que le informa la pérdida de su fortuna. Kin-fo no se disfraza de comerciante -porque ya lo es- y no va a ver sicarios, sino a su maestro -porque para todo occidental, los chinos tienen sus maestros. Allí le pide lo mismo: que lo suicide. Su maestro acepta. Al día siguiente, Kin-Fo recibe la noticia de que no perdió su fortuna. Feliz, dando saltitos, va a ver a su maestro para pedirle que no lo mate. Su maestro no está, se ha ido a recorrer el mundo. En cambio hay un mensaje, el maestro ha contratado a una banda de asesinos para que cumpla con su tarea. A partir de ese momento, Kin-Fo iniciaría un viaje por los confines de la China, para evitar su propio suicidio. En la travesía iban él y dos agentes de una compañía de seguros, lo que arruinaba toda poética posible.

En la década de 1925, un joven poeta, encuentra la historia de Kin-Fo en el tomo 7 de la Enciclopedia Británica  bajo el acápite "Historias y leyendas popules chinas de la dinastía Song". Fascinado por la historia de Kin-Fo, se imagina un cuento con el suicidio pospuesto y el asesino -o la Muerte- que lo persigue en múltiples universos. En uno, Kin-Fo se une a un circo como la mujer barbuda de China. La muerte lo encuentra en la jaula de los monos en forma de una cáscara de banana. En otro, la mujer de Kin-Fo, aprovecha la fortuna que deja su marido, y se dedica a cazar leones con un rifle en la sabana africana, cumpliendo el sueño de su madre. Una de las balas se aloja en la sien de Kin-Fo, quien vivía escondido en uno de los baobabs de la sabana. En uno de los universos, el mensajero que le anuncia a Kin-Fo que no perdió sus bienes es el mismo Kin-fo. Ambos Kin-Fo mueren de un ataque al corazón al verse a sí mismo. En uno de esos universos Kin-Fo se convierte en inmortal: la muerte se pierde en el camino y jamás lo encuentra. En otro, Kin-Fo muere de manera constante: no revive y muere, sino que vive en una muerte permanente. 

La última versión, la menos concida, aún no se ha escrito. En el año 2013, la señorita Gabriela Margall, tomará la tarea de escribir una versión sobre la historia de Kin-Fo sin siquiera tomarse la molestia de conocerla. En esta pedestre aunque imaginativa versión, Kin-Fo, un banquero chino que reside en Hong Kong, recibe un mail que le informa que había perdido toda su fortuna. La señorita Margall, por fortuna, detuvo su pluma de inmediato. No continuó con la redacción y solo queda esa versión preliminar del texto. En un mail a su amiga Majo, la señorita Margall dice: "comprendí, de inmediato, que las historias de nobles chinos de la época de la dinastía Song y los mails son una mala combinación: como que mucho no se llevan". 

 J. L. B., Historia universal de la infamia, 1935 (versión preliminar, el texto fue quitado después de la última prueba de galera).