Una cita los martes: Tristeza soberana


(...)
¿No dicen que en la noche,
cuando la luna aclara,
y en torno de su disco
se apiñan nubes blancas,
no dicen que los yertos
cadáveres se alzan,
y soñando demencias
como en el mundo danzan?
También si bajo el polvo
mi carne es insensata
y en busca de placeres
aun muerta se abalanza;
dime, tristeza, entonces
cuando ya la esperanza
apague para siempre
la alentadora llama,
¿sentiré dentro del pecho
tu mano que se desgarra?
Si tal es mi destino,
tristeza soberana,
para cantar tus triunfos
pon en mi mano el harpa
y tórnense canciones
las lágrimas del alma
En el Pacífico, abril 1845
Juan María Gutiérrez, "Tristeza".