Una cita los martes: El tigre y el puñal

Brian, recostado en la hierba,
como ajeno de sentido,
nada ve. Ella un ruido oye,
pero solo observa
la negra desolación,
o las sombrías visiones
que engendran las turbaciones
de su espíritu. ¡Cuan larga
aquella noche y amarga
sería a su corazón! 
Miró a su amante. Espantoso,
un bramido cavernoso
la hizo temblar, resonando:
Era el tigre, que buscando
pasto a saña feroz
en los densos matorrales,
nuevos presagios fatales
al infortunio traía.
En silencio, echó María
mano a su puñal, veloz.

Esteban Echeverría, "La cautiva".