Una cita los martes: Te tengo envidia


Veo con gusto que te quedas en el Pueblo Libertador, pero tiemblo la tarea que vas a emprender por el gran trabajo, la poca utilidad y los inmensos disgustos que tendrás; pero, ¡qué hacer!, es preciso servir nuestra infeliz patria cada uno como pueda. Por otra parte te tengo envidia. ¡Cuánto bien puedes hacer si adoptas un sistema, un método que tengas siempre en vista de la humanidad! Mucho bien puedes hacer inspirando con destreza y dulzura cuanto tienda a moralizar, ilustrar a la sociedad y alejarla de ese abismo de odios y rencores que la han conducido tantas causas que conoces como yo. (...) Comprendo que una de tus penas será la sencillez y claridad con que deberás escribir para ser entendido; pero hay en la simplicidad también elegancia.

Mariquita Sánchez a su hijo Juan Thompson,
25 de febrero de 1840

El final de este fragmento me encanta. Como escritor romántico, Juan Thompson gustaba de todo tipo de recursos literarios para escribir. Sin embargo, Mariquita le recomienda usar la sencillez para luchar contra Rosas, aún reconociendo que eso le provocaría una pena a su hijo. La envidia a los hombres será siempre en un tópico en las cartas de Mariquita: será siempre su pesar el no poder hacer más por su país.