A conocer el hielo

Uf.

No me sorprende la muerte de Gabriel García Márquez. Sabía bien que estaba enfermo y que su enfermedad no era de las que dan esperanzas. Que  no me sorprenda no significa que mis ojos no estén llorosos desde que me enteré o que mientras escribo esto se me ponga la piel de gallina.

El primer libro que leí de él fue Relato de un náufrago y lo leí en la escuela. Me gustó, pero no me sedujo del todo (en esos años tenía otro amor, Roberto Arlt). 

Fue unos años después cuando leí Cien años de soledad. No podía creer lo que mis ojos leían. Un escritor creando un Universo de principo a fin, una novela sobre un cosmos que dura cien años.





"El mundo era tan reciente que las cosas carecían de nombre y para nombrarlas había que señalarlas con el dedo".








Una novela arquitectónica cuyas partes encajan tan bien que no importa que todos los personajes tengan el mismo nombre. Y si lo leyeron estoy segura de que entenderán por qué el coronel Aureliano Buendía es uno de mis personajes favoritos de la literatura.

Leí después El otoño del patriarca, El amor en los tiempos del cólera, La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, Crónica de una muerte anunciada... Una escritura dulce, aunque cuente muchas de las desgracias latinoamericanas del siglo XX, que me fascinó y me seguirá fascinando.

Para mí Gabriel García Márquez será el autor de uno de los mejores comienzos de novela que conozco y una de esas frases que repito y me repito constantemente: el inicio de Cien años de soledad. Solo por esa primera frase, ese extraordinario comienzo, Gabriel García Márquez merece la gloria.





"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo".