El trabajo de pulir las palabras

En la presentación de La Dama de los Espejos, Flavia Pittella me preguntó sobre mis inicios como escritora. No recuerdo exactamente qué día fue, lo único que sé es que siempre quise escribir y más allá de alguna rabieta siempre lo hice.

A partir de ese siempre me ha quedad mucho material escrito a mano, muchos manuscritos de historias, ideas, proyectos de novela, proyectos de obra de teatro, cuentos, novelas terminadas (muy breves, pero terminadas), escritos frustrados, escritos sobre esas frustraciones, preguntas sobre la escritura... Págians y páginas de palabras escritas con birome o lápiz, corregidas, subrayadas, dibujadas.

Flavia me había pedido ver uno de esos manuscritos, uno que no encontré pero que espero no haber perdido porque lo considero uno de esos momentos en los que ya estaba reunido eso que sería hoy: un informe sobre el Renacimiento escrito en hoja Rivadavia n° 3 -la de carpeta- y a lápiz. Estoy convencida de que si reviso todos los papeles está y si no, quedará en el recuerdo.

Pero, revisando por encima esos escritos encontré cosas que me llamaron la atención, que había olvidado o que simplemente me hicieron reir a carcajadas. Están llenos de tachaduras e imperfecciones y las adoro. La escritura en computadora ha borrado toda esas acciones decorativas de los manuscritos, pero nos ha dado la ventaja de la velocidad y la edición (esenciales para mí en estos días).

Primer manuscrito de algo que planeaba como un conjunto al parecer, al que llamaría "Cuentos románticos". Es interesante porque si no me equivoco, en esa época ya tenía un librito de cuentos escritos, uno que incluye una primera versión de Lo que no se nombra, de modo que buscaba repetir la experiencia y crear otro libro de cuentos.


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(sigue atrás) -sente y el futuro parecían ser una sola cosa. El tiempo no corría. Estaba en una existencia solo mental. Ni siquiera sentía su cuerpo. Era solo pensamiento. Ideas. En batalla. Revolución.
Fecha incierta la de este manuscrito. Pero si estoy hablando de revoluciones, y según me parece estoy hablando de la revolución francesa, ya estaba en la universidad estudiando historia. Está escrita en una hoja suelta -arrancada- de cuaderno y parece que la historia iba hacia algo ¿fantástico? No lo sé, no recuerdo en qué momento escribí esto o si pensaba seguirla o se detenía ahí. Misterios...

Segundo manuscrito, que en realidad es una corrección. Este manuscrito tampoco tiene fecha pero para mí es de los años noventa, incluso antes del CBC, probablemente 4° o 5° año del secundario. Es una hoja completa de carpeta N° 3 que tiene unas frases inconclusas, de una historia también inconclusa. Iba guardando todo ese material y de vez en cuando lo, o más bien, me corregía... con tinta verde, claro, como hacían los profesores, letra bien grande y clara.

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Lo que me hizo reír a carcajadas de este texto, que había olvidado por completo es que en esa época era tan crítica conmigo como soy ahora. Y esa es una de las razones por las cuales nunca vuelvo a leer mis novelas y, en consecuencia, a olvidar lo que escribí.

Eran épocas difíciles. Como adolescente sabía que quería ser escritora, pero no sabía qué hacer, cómo hacer o si tenía algún futuro. Me leía, me criticaba, alguna vez hasta me hice un cartelito sobre los manuscritos que decía: "Ni lo intentes". Una parte de mí no se tenía fe, está claro.

Sin embargo, otra parte, la terca, seguía escribiendo. De a poco, las frustraciones fueron cediendo, los errores menos evidentes, fui encontrando recursos, modos de alcanzar lo que quería. Un día terminé un cuento, otro día una novela (cortita, pero novela al fin), otro día otra novela un poco más larga. Y así fui escribiendo, hoja tras hoja siguiendo lo que Rubén Dario, al que conocí a través de una cita de Roberto Arlt, decía: "Y la primera ley, creador, crear. Bufe el eunuco, cuando una musa te de un hijo, queden las otras ocho encinta". Siempre que me preguntan algún consejo para alguien que quiere escribir recito eso: se llega a ser escritor escribiendo. No hay otro camino.

Y escribir siempre es lo que hizo que ustedes estuvieran leyendo este blog. Y para agradecerles por leer esto les muestro uno de los últimos manuscritos que tengo, porque escribo casi todo en computadora en estos días. 

Es un fragmento de La Hija del Tirano, fragmento que reconocerán porque es uno de los que más gustó de la novela, y es el fragmento que Flavia me leyó en las Jornadas de Novela Romántica y me hizo lagrimear. Es una de las pocas cosas que están escritas a mano de esa novela y no nace como lo que pueden leer en el libro, sino como parte de unos fragmentos que escribía sobre Pablo Evans, al inicio del proceso de escritura (vean el número 3 en la segunda parte del fragmento).



Tachaduras, palabras condensadas (personada es "persona amada"), inicios y retrocesos, palabras que sobran, palabras mal escritas. La escritura como algo artesanal, como algo que no sale así perfectito de repente, sino como algo que lleva tiempo, reflexión, esfuerzo. La escritura como el trabajo de pulir las palabras.