Semana de Mayo 1: La Dama de los Espejos

Por todos lados escucho que "estamos en la Semana de Mayo", "hay que usar escarapela" y cosas así. Lo primero que se me viene a la cabeza es La Dama de los Espejos, claro, y el capítulo "No importa la lluvia" donde precisamente la semana previa a la revolución del 25 de mayo de 1810. Pero después me dí cuenta que no solo escribí ese capítulo, Los que esperan la lluvia transcurre durante la semana de mayo. Si a eso le suman el clima tan apropiado que está haciendo en Buenos Aires (llueve y llueve y hace mucho frío) no podía hacer otra cosa que hacer un par de entradas hablando sobre el tema.

La Revolución de Mayo ha sido condensada en una serie de símbolos: la escarapela, el cabildo, el himno, la lluvia, los paraguas, las negras vendiendo empanadas. Todo se ha transformado en un dato de la realidad. Si digo Mariquita Sánchez en general me dicen "ah...tertulia-himno-casa". Si leyeron la novela saben que estas tres palabritas no solo no definen a Mariquita sino que incluso la achatan al magro lugar de una mujer que "prestaba su casa" para un hecho que probablemente no haya existido.

Mariquita habla muy poco sobre la Revolución de Mayo. Intuyo que esos días son muy dolorosos para ella. En los documentos de la época, incluído el famoso Cabildo Abierto del 22 de mayo, es Martín Thompson quien aparece y así sabemos que ellos fueron parte de la revolución, de la idea de una transformación social, política y económica.

Una de las menciones que hace Mariquita sobre 1810, y sobre Martín, es en un diario que escribe en Montevideo dedicado a Esteban Echeverría en 1839. Ese fragmento fue mi guía para escribir el capítulo 7 de La Dama de los Espejos.
24 de mayo
El año 10 temblaba a estas horas al ver expuesta la existencia de los objetos de mi más tierno afecto. Esta noche tiemblo a cuarenta leguas del teatro donde tengo tan tiernas afecciones. Por un presentimiento sin fundamento espero algo. Este día que electriza mi corazón me parece que debe operar un efecto mágico en todos los patriotas. Mi corazón, mi pensamiento están en mi patria, desgraciada, oprimida. ¡Quién sabe a estas horas cuántas víctimas habrá!... ¡Quién pudiera volar y participar de los peligros que se presentan a mi mente! ¡Cuán lejos estoy yo de pensar el año 10 a esta hora que me encontraría acá en este momento empezando de nuevo la misma revolución!... ¡Extraño mi destino! Mis hijos tienen que empezar a conquistar de nuevo la libertad despupes de veintinueve años. A esta hora se decidía la suerte de un nuevo  mundo por unos pocos hombres arrojados que se lanzaban en un océano de peligros y dificultades. No desconocían, como se piensa por algunos, la grande obra que emprendían. El más intrépido conocía que era temerario el proyecto, pero lo adoptaron, emprendieron y no dieron vuelta la cara.
Poco hay de esa versión edulcorada que flota en el aire esta semana (como todas los años anteriores). No hubo nada mágico en la Semana de Mayo. Nada sucedió porque sí. Cada uno de los que decidieron cortar los lazos coloniales (políticos, sociales, económicos) con España, lo hicieron sabiendo que no sería una tarea fácil, que España no iba a aceptar la separación y que pronto llegaría la guerra.

Poco hay de pastelitos, escarapelas, himnos, tertulias. Todo eso vendría después. Mariquita temblaba ese 25 de mayo por Martín, porque Martín era militar español y participar de la Junta y demás actividades revolucionarias lo ponía en peligro. Para Martín, como para Mariquita, como para Castelli, Belgrano y todos los que ya conocemos, la revolución de mayo fue una decisión que tuvieron que llevar adelante con su propio cuerpo. Y muchos perdieron la vida por llevar adelante la revolución.