Semana de Mayo 2: Los que esperan la lluvia

Los que esperan la lluvia es una de las novelas que más sorpresas me ha dado. Mientras la escribía jamás me hubiera imaginado que podía convertirse en la favorita de muchos o que sería leído en colegios secundarios o que Mario Pergollini se lo recomendara a Felipe Pigna en la radio o que la mismísima Mirtha Legrand lo tuviera en las manos (las dos últimas no las ví pero me han dicho que las dos fueron verdad :D).

Escribí ese librito (así la llamo yo, aunque técnicamente se llama nouvelle porque quería decir algo. Se venía el Bicentenario de la Revolución de Mayo y todo el mundo hablaba. Hablaban y hablaban y hablaban sobre la revolución y la libertad y la libertad... Se repetían por todas partes frases hechas, palabras que se vaciaban de contenido porque referían a mitos que en algunos casos eran falsos o imprecisos (el de la libertad de vientres de la Asamblea del año XIII es el más difundido de todos, pero el del estreno del Himno en la casa de Mariquita no es menos falso).

¿Cuándo se aprenden todos estos mitos? ¿Cuándo alguien aprende que el 25 de mayo de 1810 fuimos todos libres y listo el pollo, ya está todo? En la escuela. Desde el momento mismo en que somos formados como estudiantes, se nos repite una y otra vez palabras, historias, conceptos que tienen por objetivo eso que se llama "nacionalidad argentina". Se transforman en palabras vacías de contenido, tan vacías como revolución, independencia, incluso guerra. Un alumno puede repetir las fechas de mil batallas sin llegar a comprender que allí murió gente, que personas fueron heridas, que hubo padres que perdieron hijos, hermanos que vieron morir a sus hermanos, esposas que supieron por una carta que estaban solas, novias que debían abandonar sus esperanzas. Siempre se le echa la culpa a los profesores de no dar la Historia de manera divertida y yo suelo saltar, herida, claro, porque soy profesora y porque no creo que la Historia deba "divertir". Y además porque no son los docentes los que determinan los contenidos de la educación. Habría qué ponerse a pensar quiénes son exactamente los que generan la "Historia oficial" de la que tanto se habla. Podríamos llevarnos una gran sorpresa. 

La Historia es asunto serio y complejo. Asunto que no tiene que ver con escarapelas, himnos o mil batallas y mil acuerdos que uno debe aprender y olvidar luego. Olvidar a tal punto que alguien, la madre probablemente, le pintó la cara de negro a una niña y le envolvió la cabeza con un pañuelo que era la bandera de los Estados Unidos en el acto escolar por el 25 de Mayo.

Así que escribí Los que esperan la lluvia para decir algo. Decir que la libertad no había sido para todos, que la esclavitud en Argentina se había abolido muchísimos años después y que la libertad no había sido para todos. No había sido para los africanos traídos como esclavos ni para las mujeres cuya vida podía transcurrir entre encajes pero también en condiciones de sumisión. Que esa Semana de Mayo que se nos presenta en forma de figuritas recortables y actos escolares había sido parte de la vida de personas, que sufrían, amaban y tomaban decisiones dolorosas. Lo escribí pensando que tal vez no sería bien recibido porque era una historia difícil, triste, incluso porque Andrés Calamaro andaba cantando entre sus páginas.

Grande fue mi sorpresa cuando fue tan bien recibido. Pero no debería sorprenderme tanto. Después de tanto acto escolar recortable quizá muchas personas estén ansiosas por saber qué pasó realmente, de quiénes se trataba esos que hicieron la Revolución de Mayo, quiénes sacrificaron su vida por sus ideas y quiénes no vieron ningún resultado de ella. 

Larguísimo recorrido ha hecho mi librito y lo sigue haciendo. Es uno de mis libros más queridos y, para mí, la puerta de entrada al resto de mis novelas.