De aquellos que dicen planto y ni Satanás lo arranca

En el libro de cartas de Fray Cayetano Rodríguez a José Agustín Molina que compré en la Feria del Libro me ha proporcionado muchas sorpresas (una de ellas por aquí). La más interesante fue, sin dudas, encontrar una historia de amor entre las cartas, una muy similar a la de Mariquita Sánchez pero que ubicaba a fray Cayetano en un lugar opuesto al que había cumplido diez años atrás.

Una mujer llamada Tránsito, pariente de José Agustín Molina, se encuentra sola en Buenos Aires. Su marido Felipe Molina murió hace unos pocos días y fray Cayetano la consuela y aconseja. La mujer no sabe ni leer ni escribir y no se siente en capacidad de manejar sus asuntos, incluso su familia. El modo en que fray Cayetano cuenta esto a su amigo Agustín deja clara la situación femenina por aquellos años:

"Ya está aquí Tránsito. La vi, lloró, lloré con ella, obsequio inevitable, justo, debido a la memoria del mejor de los amigos y el más caro de los esposos. (...) Le di confianza y me habló con ella. Se ve la pobre aislada, llena de asuntos en que debe entrar (...). La memoria de Felipe, excitada con la vista de estos objetos, la devora. Quisiera desprenderse de todo para tener más momentos de llorar y, por otra parte, urge el agitar las cosas y ponerlas en tono. En este amargo contraste me dijo, llena de lágrimas: Mi hermano Agustín había de venir a llevarme; venga a favorecer esta desvalida y sea depositario de las confianzas de su finado hermano y mías, pues él, únicamente, puede desempeñarlas."
10 de agosto de 1813

Tan poco preparadas estaban para hacer una vida sola las mujeres, que ante cualquier imprevisto y tristeza, como la muerte del esposo, quedaban incapacitadas para tomar decisiones:

"Ella, por hecho, no da paso alguno sin tu presencia. Ha dicho a Frías que suspenda todos su actos. El finado no ha hecho testamento, porque aunque estaba dispuesto con todos los sacramentos, y quizá convencido de su muerte, un médico que allí estaba no previó un insulto que le aconteció de una fatiga al pecho que lo dejó entre las manos de su afligida mujer."
10 de agosto de 1813

Unos meses más tarde, en diciembre, la situación de Tránsito se vuelve más compleja todavía. En otra carta a Molina, fray Cayetano la pide de modo reservado, que intervenga en una situación complicada con ese Frías antes mencionado:

"Tránsito me ha llamado ayer por la relación que sigue: el doctorcito Frías, pariente de ella, que tú conocerás, se bebe los vientos por Luisita, y ésta demuestra alguna inclinación, aunque no es capaz de menear un pie sin el parecer de su madre. Este es un antiguo empeño, desde en vida de Felipe. Este detestó siempre este enlace pues no se ocultaba a su perspicacia la desigualdad de cabezas y corazones y aspiraba a dar a su hija una fortuna más ventajosa, como merece por sus buenas cualidades. No quería duques ni marqueses, pero sí un mozo de juicio, talento y capaz de hacer feliz a su hija."
26 de diciembre de 1813

 
Tanto fray Cayetano como Tránsito estaban preocupados por el romance entre Luisita y el doctorcito Frías. Nada había cambiado después de la revolución para las mujeres. La sociedad seguía siendo la misma: virtudes que compraban fortunas o buenos mozos que según fray Cayetano parece ser lo mismo. De acuerdo con la madre, Fray Cayetano le pide a Molina que intervenga en el asunto:

"Tránsito está penetrada de los mismos sentimientos, y aunque no piensa que Luisa sea capaz de prestarse a enlace alguno sin su gusto y consentimiento, pero teme que se radique un afecto de aquellos que dicen planto y ni Satanás lo arranca; y será un disgusto grandísimo para ella porque absolutamente detesta a Frías para el efecto, y yo también, pues basta que no gustara a Felipe, que era penetrador, y es visto que no hay en el mozo fondo ni talento alguno, ni aquí tiene aceptación. En estas circunstancias, quiere Tránsito que te insinúes con Luisita, sin que ésta sienta ni perciba que nosotros te iluminamos, diciéndole en esquela separada que sabes, por conductos extraños, que la pretenden para casarse (sin decir quién) y que se mire bien de dar un paso sin el pleno consentimiento de su madre, cargándole la mano sobre esto en los términos que sabes que le hagan impresión."
26 de diciembre de 1813


 El secreto y los consejos de Molina, si llegaron, no tuvieron efecto alguno. Cinco meses después, fray Cayetano escribe:

El día 23 se casó ocultamente Luisita con Frías, sin saber yo nada. No sé cómo ha sido esto después de tantas repugnancias. Aún no he visto a Tránsito.
26 de mayo de 1814

 El enojo le sacan las palabras a fray Cayetano. En las cartas apenas vuelven a aparecer los nombres de Tránsito y Luisita y nunca se vuelve a hablar de este asunto.

Félix Frías
Los editores del libro tienen la gran idea de señalar que Luisita era Luisa Molina López de Velazco, hija de Manuel Felipe Molina y María del Tránsito López de Velazco (seguramente parientes) y que el doctorcito Frías, era Félix Ignacio Frías, abogado y pariente de la madre. Luisita y su doctorcito tuvieron doce hijos y a la muerte de su marido en 1852, Luisa vuelve a casarse con Epitacio (vaya nombre) del Campo.

El nombre Frías me era muy conocido, y pude comprobar que uno de los hijos de Luisita y Frías fue miembro de la generación del '37. Félix Frías, fue amigo de Lavalle, miembro del Salón de Marcos Sastre y por tanto, emigrado en Montevideo a fines de la década de 1830. También fue amigo de Juan María Gutiérrez y, cómo no, de Mariquita Sánchez.

 No me resultó extraño leer la oposición de fray Cayetano al matrimonio o sus opiniones hacia Luisita y la capacidad de conseguir fortuna de sus virtudes. Fue, después de todo, un hombre de su época. Su apoyo al matrimonio de Mariquita con Martín, en abierta disidencia a sus padres, no tenía nada que ver con su opinión acerca del lugar social de las mujeres o sus libertades. Faltaban muchos años para que esa posición fuera cuestionada.