Una cita los martes: Atada a un desengaño

Acabo de recibir tu carta que me ha consolado mucho del mal que me dio ayer una de Mendeville, en la que venía lo que te incluyo (en la carta). Solo para mí parece que hizo el cielo un hombre de tales entrañas, pues no sé si se podría perseguir más a un enemigo, con más prolijidad y crueldad, y si se puede tener más sangre fría para burlarse de una mujer a la que, si adorara de rodillas, no le pagaría, ni aún así, todo lo que le debe. ¿Qué se puede pensar de un tal hombre, Dios eterno? Parece imposible que sea tan malo con quien no le ha hecho sino beneficios. Lo peor es que, aunque cuando recibo una carta suya me dispongo a leerla a sangre fría, no puedo. Hay tanta perversidad en este corazón para mí, que no puedo ser insensible, no puedo, y se saldrá con la suya de matarme de un pesar y despúes se pondrá luto por su amada durante diez años.
Mariquita Sánchez a su hija Florencia Thompson, 
Río de Janeiro 18 de febrero de 1847

En los pocos meses que vivió en Río de Janeiro, Mariquita tuvo una gran pelea con su segundo esposo, Jean-Baptiste Washington de Mendeville. La pelea incluyó cartas, pesares en el cuerpo, lágrimas. Se sabe muy poco de Mendeville y de lo poco que se conoce, queda claro que Mariquita fue quien aportó el dinero y el prestigio al matrimonio. ¿Qué aportó Mendeville? No queda otra cosa que imaginarlo. ¿Habrá sido el origen francés de Mendeville lo que la tentó? ¿La soledad? ¿Un error que no pudo deshacer? No es necesario hacer muchas cuentas para comprender que Mariquita y Mendeville se conocieron durante la estadía de Martín Thompson en Estados Unidos y su enfermedad. Como cuenta Mariquita en una carta a Juan Bautista Alberdi (pueden ver un fragmento aquí) ella tenía dos pretendientes en ese momento, cuyos nombres no menciona. Está claro que las palabras hacia Mendeville son de dolor. ¿Habrá sido capaz Mariquita de reconocer su error? ¿O siempre habrá considerado a Mendeville un hombre desagradecido? Apenas puede decirle a Alberdi que se engañó. Debe haber sido muy difícil vivir atada a un desengaño.