Una cita los martes: Ni en las marquesas, ni en las baronesas



Créeme, aquí se pasa por rica aunque uno sea pobre, y se vive muy bien. Así, mientras no nos juntemos, estoy muy inclinada a estarme quieta. Si tuvieras mi genio, te apuraría para que te vinieras. Estarías muy contenta cuando te vieras aquí: renacerías, créeme ¡pero cuánto te moverías! El lavado, barato; la comida, barata; y sosiego, hija, es una felicidad. Otra cosa, Florencia, las señoras más distinguidas hacen sus changas, como dicen. Nadie repara en esto, ni en las marquesas, ni baronesas. Venden las flores de sus quintas, la leche. Esto no te perjudica en nada ante la más alta sociedad. Por ejemplo, tomaríamos una casa de campo y mandaríamos vender cuanto habría. Iría Enrique a cobrar acompañado de un negro: esto está muy admitido. La leche que tomo es de casa de una marquesa, al fin del mes viene a cobrar. Nadie desdeña ganar dinero aquí. ¡Cuánto me alegraría tenerte aquí!

Mariquita Sánchez a su hija Florencia Thompson, 
Río de Janeiro, 12 de septiembre de 1846.


Pocos saben que Mariquita vivió unos seis meses en Río de Janeiro, entre los años 1846 y 1847. Harta de la vida entre Buenos Aires y Montevideo, cansada de la falta de dinero, viaja a Río donde vivían buena parte de los emigrados opositores al régimen rosista. La cándida sorpresa ante las marquesas y baronesas que venden los productos de sus casas no debería llamar la atención. Mariquita era, después de todo, una mujer de su época: trabajar, para una dama decente -incluso una pobre- era algo imposible de aceptar. En la semana les contaré más sobre el viaje de Mariquita a Río de Janeiro.