Una cita los martes: Considera mi corazón

 Querida Florencia:
¡Cuánto siento tener que contarte mis penas! ¿Y cómo ocultarte lo que se hablará allá también como aquí? ¿Creerás que al niño que nació en Viernes Santo aún no lo he visto? No puedo saber dónde está, ni si está bien o mal. ¡Considera mi situación con las visitas que vienen, considera mi corazón! ¡Y las habladurías que sobre esto se harán! (...) Cuantas veces he querido tocar este punto, he tenido una incomodidad, y ayer tuve una tan fuerte que pasé un mal rato. Por último dijo (Julio) que haría de sus hijos lo que le diese la gana sin que nadie se lo impidiera y que así se lo dijéramos a la gente, que él quería criar su hijo fuera de la casa y así se habían de criar todos. Dejo a tu consideración después de esto cual es mi posición aquí. (...)
Agrega a esto que me dí un golpe terrible: fue a abrir un postigo del balcón de mi cuarto y se me vino encima. Para retirar la cabeza, me lastimé el hombro y me torcí todo el cuerpo, lo que me provocó un dolor muy fuerte. Así, piensa lo que es mi vida. Con este misterio del niño dime lo que se dice por ahí, pues tal vez se sepa la verdad.

Mariquita Sánchez a su hija Florencia Thompson,
Montevideo, 2 de mayo de 1854.

La vida de Mariquita luego de la Batalla de Caseros fue tan compleja como antes de ella. Los problemas que la agobiaban, la pobreza, la distancia de sus hijos, no se solucionaron. Vivió un largo tiempo en Montevideo con su hijo Julio, mientras Buenos Aires se separaba de la Confederación y de Urquiza. Julio, hijo de Mendeville, no se llevaba bien con su madre. Se había casado con Carolina Trápani, una muchacha uruguaya, sin que Mariquita aprobara del todo la relación. La muchacha quedó embarazada y tuvo a su niño en el campo. Mariquita no conoció a su nieto sino meses después, como dice la carta a Florencia, Julio impuso su voluntad.