Una cita los martes: Las concepciones más atrevidas

Después que leí los versos de Vd. necesité meditar..., necesité perderme en esas silenciosas regiones del Infinito... porque la tierra no era bastante al pensamiento, cuando la lira de Vd. acababa de conmoverme, fuertemente resonando en mi oído como una melodía celestial, como una inspiración de Dios...

El último verso me hizo buscar en el firmamento un astro melancólico... que se pareciese a (George) Sand... porque quería verla... y creí encontrarla en una estrella mustia..., pálida... viva poesía que yo traducía por la última mirada de mi desconocida y lograda amiga...

Los versos de Vd. me produjeron esa irritación cerebral que nos eleva y nos impulsa a las concepciones más atrevidas!... Anoche, el cielo, con su azul melancólico y suave... con sus estrellas... su luna... hasta el aire que acariciaba mi frente, me pareció que traían las melodías del órgano... tomaba olor a yncienso... una voz vaga, suave, me cantaba los versos de Vd.... y yo la veía a ella... como una paloma blanca volando por el espacio...

Le doi a Vd. cuenta de mis impresiones tal que las sentí y algo que no digo es porque no sé cuáles palabras pueden retornar al vivo la sublimidad del pensamiento... Vd. me lo comprenderá!...

Mariquita Sánchez a Juan María Gutiérrez,
Montevideo, 2 de febrero 1841.


De las pocas cartas sobrevivientes entre Mariquita Sánchez y Juan María Gutiérrez, esta es, sin dudas la más apasionada. Según se pueden entender por la carta, Gutiérrez ha escrito un poema a George Sand y le pide a Mariquita que le escriba su opinión sobre ese poema. Mariquita le escribirá en un papel especial que tiene un dibujo impreso: una pareja de la Edad Media, la mujer sostiene un laúd y toda la escena está rodeada de hojas y flores. 

El estilo de la carta es único. Mariquita pocas veces se deja llevar por el estilo romántico de la Generación del '37, ella pertenece claramente a otra generación, más cercana a la de Florencio Varela, y por tanto, más clásica. Acepta el pedido de Gutiérrez con reticencia pero después suelta la pluma y hacia el final de la carta de deja llevar por esa irritación cerebral de la que habla.

Hacia el final de la carta, Mariquita menciona "algo que no digo" porque no puede encontrar las palabras. Ese "algo que no digo" fue para mí la causa de una "irritación cerebral" que me llevó a escribir el capítulo 22 de La Dama de los Espejos, "Una mujer cualquiera".