Una cita los martes: Como a mi marido


 Te mando una segunda letra de cambio por 500 pesos. Te encargo comprar para el viaje todo lo que sea preciso para que Martín sea bien cuidado. Quiero decirte café, azúcar, algunos bizcochos, dulce, algunas cosas que tú sepas le puedan servir sin atenerse a lo que darán en el buque, porque los buques mercantes no son como los de guerra, donde se come y en abundancia (...). Te encargo también que le hagas hacer una levita de paño, buena, y un fraque, dos docenas de camisas para que lo mudes muy a menudo, corbatas, pantalones y todo lo demás. Cuidado, que no lo traigan mal vestido, sino como yo lo vestía cuando estaba aquí bueno.
En nada, Joaquín, quiero que lo traten como a un débil enfermo, sino como a mi marido.

Mariquita Sánchez a Joaquín, criado de su esposo Martín Thompson,
Buenos Aires, 26 de mayo de 1819



En este año de La Dama de los Espejos me he encontrado con varias imágenes de Mariquita Sánchez. Muchos repiten la historia del Himno Nacional (cuestionable desde un punto de vista histórico), muchos la asocian a una casa y a su condición de anfitriona. Me he llegado incluso a encontrar con chistes del estilo "estoy hecha una Mariquita Sánchez". 

De todas esas imágenes una de las más fuertes es la idea de que el amor que vivió con Martín Thompson fue un amor sin contratiempos y con un final feliz. Lo cierto es que la historia del coronel Thompson es una de las más tristes de los revolucionarios de mayo: su compromiso con la revolución terminó en la locura, en un país ajeno, ignorado por el gobierno que le había encomendado una misión secreta, encerrado en un manicomio en Nueva York, llamando a la mujer que amaba. No hubo final feliz para Mariquita y su Martín...