La última cita


Parece que hubiera un hilo eléctrico entre nosotros. Yo he pensado mucho en usted en estos días, y veo con gusto que también usted ha estado pensando en mí. Estaba ayer en mi cuarto cuando me trajeron el libro. Mandé corriendo a buscar al emisario para darle la carta adjunta que desde el domingo duerme en mi cartera. Hace días que pienso mucho en mi último viaje y en los momentos que puedo arreglo papeles. No se puede imaginar las cartas de usted que he quemado. Creo que a nadie ha escrito usted más que a mí. Algo separo para que usted mismo queme. Mi espíritu y mi cuerpo están muy abatidos... Con respecto al pobre San Martín, cuando nos veamos le diré a usted algo para la historia. Usted, que recoge cenizas, aprovechará.




Mariquita Sánchez a Juan María Gutiérrez,
Buenos Aires, 20 de junio de 1868.

Cuando digo que escribí una novela histórica sobre Mariquita Sánchez me dicen "Ah, la del Himno". Y yo siempre pienso: "No, la de la carta". Para mí la más hermosa carta de Mariquita Sánchez es esta. La escribe a sus 82 años y uno puede leer la misma pasión de sus 14 cuando hizo una revolución ella sola al decir "No".

La Dama de los Espejos tuvo la intención de recorrer ese arco entre esos dos momentos: la vida de una mujer que amó muchísimo, se equivocó, y volvió a amar.

Las cartas quemadas son una puñalada en el pecho. ¿Por qué, por qué las quemaste, Mariquita? Porque decían la verdad, es la respuesta. Y porque hacían daño a otros. Y yo, que soy una recolectora de cenizas, después de todo, tengo que aceptarlo :).