Una cita los martes: Las imágenes tristes de un sueño fugitivo

Mi estimado Señor Echeverría:
Yo tenía una deuda sobre mi corazón y me alegro que usted me haya proporcionado el modo de satisfacerla. Usted tuvo la bondad de mandarme un ejemplar de Los Consuelos, y yo no le di las gracias, y esta falta de atención, aunque no de aprecio, me hace ahora agradecer aún mucho más el tomo de La Cautiva, que he recibido. Crea usted que es muy lisonjero este presente, que conservaré con reconocimiento y que le deseo al autor el buen suceso que merece tan justamente.

Señora:
Abriga usted un corazón de aquellos que nunca envejecen y tiene una memoria tan viva como es inagotable su sensibilidad. ¿Usted acordarse de mis Consuelos, cuando el autor los ha olvidado ya y solo los recuerda como solemos rememorar despiertos las imágenes tristes de un sueño fugitivo? ¿Usted considerarse deudora de un testimonio tan pequeño de aprecio, único don que pueden ofrecer las musas? Acepto, desde luego, gustosísimo, las gratas expresiones de su carta y me lisonjea haberlas merecido. Pero me permitirá decirle que ni antes ni ahora he aspirado a otra cosa que hacerme acreedor a la estimación de la digna madre de uno de mis amigos y de una de las porteñas que más honran nuestra patria.
Quiera usted recibir la sincera expresión del respeto y estimación que le profesa,
Esteban Echeverría

Intercambio de cartas entre Mariquita Sánchez y Esteban Echeverría,
Buenos Aires, septiembre de 1838.

Esteban Echeverría fue un poeta sensible, el mejor de la Generación del '37 y por qué no decirlo, un hombre un tanto quisquilloso. Al parecer Mariquita no había expresado qué le parecían Los Consuelos, un libro de poemas, de Echeverría cuando él se los había enviado. Conociendo el enojo de Echeverría, a través de Juan Thompson y Juan María Gutiérrez, Mariquita le escribe la primera carta, para saldar la deuda que había entre ellos. Tiempo después, en Montevideo, Mariquita hará de cronista y le escribirá un diario a Esteban Echeverría contándole los años más difíciles de la vida en el exilio. Lo más maravilloso de la carta es que menciona la primera edición del poema de Echeverría, La cautiva, que marcaría un hito en la literatura argentina.