Una cita los martes: Nuestra causa es demasiado justa


Al virrey Sobremonte:
Excelentísimo Señor:
Ya llegado el caso de haber apurado todos los medios de dulzura que el amor y la moderación me han sugerido por espacio de tres largos años para que mi madre, cuando no su aprobación, cuanto menos su consentimiento me concediese para la realización de mis honestos como justos deseos; pero todos han sido infructuosos, pues cada día está más inflexible. Así me es preciso defender mis derechos: o Vuestra Excelencia mándeme llamar a su presencia, pero sin ser acompañada de la de mi madre, para dar mi última resolución, o siendo ésta la de casarme con mi primo, porque mi amor, mi salvación y mi reputación así lo desean y exigen, me mandará Vuestra Excelencia depositar por un sujeto de carácter para que quede en más libertad y mi primo pueda dar todos los pasos competentes para el efecto. Nuestra causa es demasiado justa, según comprendo, para que Vuestra Excelencia nos dispense justicia, protección y favor.

Mariquita Sánchez al virrey Sobremonte, 
Buenos Aires, 10 de julio de 1804.

Este documento, la carta al virrey Sobremonte, es el primer documento público de Mariquita Sánchez. Nunca deja de sorprenderme cuando lo leo. Es probable que haya sido redactado bajo la influencia del amor que estaba defendiendo, Martín Thompson ("mi primo"), o de fray Cayetano, su confesor, o de ambos. Aún así, la sola idea de pensar en sus "honestos como justos deseos" es revolucionaria. En una época donde el deseo femenino, precisamente, busca ser regulado por los padres, Mariquita busca hacerse cargo de su propio deseo y busca, sobre todo, que se lo respete. Una mujer con todas las letras, desde el inicio.