Dos niñas y el Día del Niño

Me encantaba el Día del Niño cuando era chica por una sencilla razón: el regalo no estaba asociado a una celebración. Navidad y cumpleaños simpre venían con festejos y bueno... yo no era (ni soy) Mariquita Sánchez, y no me gustan para nada las fiestas y festejos de todo tipo. Así que el Día del Niño (como Día de Reyes, que apenas se recuerda ahora) era mi día favorito: regalos, mimos, comidas todo gratis y sin fiesta alrededor :D.

No creo que esta foto sea del Día del Niño, sino más bien de un cumpleaños de mi primo Martín, sentado al lado mío y de pulovercito celeste. Moría de ganas de subir esta foto porque, si se fijan bien, tengo el vestido más "Magdalena" que se pueda desear. Básicamente soy una mini Magdalena, con florcitas celestes en el cuello, en la muñeca y en el pelo.

Pero volvamos al Día del Niño. Se imaginarán, que fue uno de los regalos que más me costó dejar atrás. Está bien, ya no vienen los Reyes, ya no viene Papá Noel. ¿Pero el Día del Niño? ¿Ya no soy un niña? ¿Y ahora qué soy? No se sorprendan si me pongo a patalear un poco :D.

Pero bueno, hay que aceptarlo, el tiempo pasa. Y ahora soy tía y es el turno de Ámbar de festejar el Día del Niño. Veremos qué le compra la tía escritora, pero seguramente vendrá por este camino:


¿Ven la casita de dónde esa cosa monona que es mi sobrina saca libros y libros? Bueno, esa casita de muñecas es la biblioteca con libros que la tía Gaby (o sea yo) le regaló a Ámbar cuando nació. La casita es una casa común de muñecas que pintó mi mamá, Ana, y que yo decoré con las florcitas que apenas se ven en la foto. Y sí, ya sabía que Ámbar no podía leerlos pero ahí está, enorme y a punto de cumplir un año y ya juega con los libros, se familiariza con ellos, no son extraños para ella. Ya vendrá el tiempo de leérselos y también el tiempo de que los lea ella solita. No puedo esperar para verla :).