Los regalos y la frivolidad

Una de las cosas que más me gusta de ser escritora es que recibo regalos.

Oh, sí. Soy super frívola en estos temas. Pero vean los regalos que me hicieron en los últimos meses y van a entender.

Hace unos meses un grupo de lectura de Ramos Mejía me invitó a charlar con ellas. Allí me regalaron una hermosa azucarera llena de corazoncitos de azúcar que se hizo capítulo 12 (ouch) cuando llegué a casa. La azucarera fue reemplazada. Aquí la tienen:



¿No son una belleza los terrones? Da pena usarlos.

En la presentación de El Secreto de Jane Austen una lectora (cuyo nombre no recuerdo, ¡perdón!) me regaló estas bellezas:


Un primer plano para esa libretita amorosa que encierra una gran verdad:

(Las malas elecciones hacen buenas historias)
El jueves pasado estuve en el colegio de Laferrere al que visité el año pasado (pueden ver la entrada por acá). La experiencia fue hermosa otra vez y en esta ocasión me vine con estos regalos:



¡Todo es tan bonito que da pena usarlo! Excepto los chocolates, esos fueron bien usados :D.

Por último, tres amigas, que se hacen llamar Margallitas, me regalaron cositas amorosas cuando salió el nuevo libro, entre ellas, ¡mi propia taza de El Secreto de Jane Austen!




Regalitos de Mirta (la taza y el platito), Sol (la tetera tejida) y Adriana (la bellota y el platito). Ahora bien, ¿cómo se llama ese cosito de metal para hacer té? ¿Colador? ¿Cosito de metal :D?

Edición: Me informan que se llama infusor. Cosito infusor :D.

Bueno. Como les decía. Mi parte favorita de ser escritora son los regalitos.

¿Les parece extraño ;)?